Mi cuerpo dice la verdad: es solidaridad, dignidad y cuidado

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Por Ana Güezmes García*

Las Naciones Unidas conmemoramos, el 19 de junio, el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, una fecha que honra a las personas víctimas y sobrevivientes de todo el mundo y acompaña a quienes trabajan con valentía para poner fin a este crimen evitable y punible, y al estigma y la impunidad que lo rodean.

En Colombia, el Registro Único de Víctimas tiene 32.200 víctimas de delitos sexuales, de las cuales el 91% son mujeres o niñas. Sabemos que esta cifra es apenas una muy pequeña proporción de la realidad. Las cifras son altas y el impacto en cada sobreviviente de estos delitos es aún mayor.

Ante esa realidad, he tenido la oportunidad de ver la resiliencia de las mujeres colombianas, expresada en sus procesos colectivos para defender el derecho a conocer la verdad, obtener justicia y reparación, así como garantías que eviten la repetición.

Desde el primer encuentro de la Comisión de la Verdad el año pasado, “Mi cuerpo es resistencia y dice la verdad; es diversidad, es miedo, es fuerza, es valentía, es dolor, es repudio”, fueron honradas las mujeres y las personas LGBTI sobrevivientes y víctimas de violencia sexual, pasando por el respaldo a la presentación de informes desde las organizaciones de mujeres y defensoras ante el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), y a la Corte Constitucional y su demanda ante la Jurisdicción Especial para la Paz de abrir un caso nacional, y llegando hasta el pasado 25 de mayo, cuando tuve el honor de acompañar a la periodista Jineth Bedoya, quien después de 20 años regresó a la cárcel La Modelo, lugar donde fue secuestrada, torturada y violada. Su coraje y persistencia contra la impunidad a través de la campaña “No es hora de callar” la hacen un referente mundial.

Para Jineth, Constanza, Yohandra, Lucrecia, Diana, Lucy —por nombrar a algunas—, nada hubiera sido posible sin las comunidades de cuidado, sin las redes de acompañamiento y protección. En algunos casos fueron las familias, las amistades, litigantes, los y las médicas y terapeutas, pero principalmente han sido las organizaciones de mujeres articuladas por la memoria, la verdad, la justicia, a través de acompañamiento solidario en el largo recorrido de justicia y sanación.

Han sido, sin duda, las organizaciones feministas y de mujeres las que iniciaron este legado que cobra vida en los territorios y comunidades. He conocido en Montes de María a Narrar para Vivir, a Mujeres Sembrando Vida y a las mujeres de Libertad; a las mujeres de Charalá en Santander; a la Alianza de Mujeres Tejedoras de Vida del Putumayo y las mujeres de El Placer; a la Red de Mariposas de Alas Nuevas en Buenaventura; a la Asociación de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca y al Colectivo Mujeres Trascendiendo del Norte del Cauca; a MUVICEM en Bogotá, Rosa Blanca, La Comadre, las Cantadoras del Pacífico, a Mujer Sigue Mis Pasos, a la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales. Así mismo, las mujeres colombianas dialogan con las mujeres de Guatemala, de la República Democrática del Congo, Kosovo, de Perú, de Japón, de Afganistán, como una comunidad diversa y poderosa de cuidado y cobijo. A todas ellas les decimos desde ONU Mujeres: no están solas, cuando dañan a una nos ofenden a todas, ofenden a la sociedad en su conjunto.

Desde el establecimiento de esta fecha conmemorativa, que condenó la violencia sexual como táctica de guerra y como impedimento para la consolidación de la paz, con efectos devastadores, cada vez se suman más instituciones y personas a la solidaridad global frente a este delito. La Iniciativa de la Naciones Unidas contra la Violencia Sexual en Situaciones de Conflicto (UN Action), compuesta por 16 entidades de la ONU y presidida por la representante especial del secretario general sobre la Violencia Sexual en los Conflictos, es un ejemplo de ello. La Resolución 2467 del Consejo de Seguridad de la ONU, de abril de 2019, convocó a los Estados a la adopción de un enfoque centrado en las y los sobrevivientes para prevenir y atajar la violencia sexual en situaciones de conflicto, y que se ve además reforzado por el llamado al alto al fuego que hizo el secretario general para que en el marco de la pandemia de COVID-19 se haga también un cese inmediato de la violencia de género y sexual.

Hoy, Colombia tiene un camino trazado, posible y cargado de esperanza. Una paz sostenible que se construye sobre el piso de la dignificación, como el contramonumento de Doris Salcedo, Fragmentos, un espacio de memorias donde los fusiles se silencian, el dolor de la violencia se martillea y las víctimas hablan.

* Representante, ONU Mujeres Colombia.

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