Por: A Mí También

Mi novio me obligó a tener sexo sin condón - #AMíTambién

Por Helena*

Hace unos meses conocí  a un chico que me lleva ocho años. Empezamos a salir y todo iba muy bien.

Él era muy amable, me ayudaba con mi mamá, que está enferma. Mejor dicho, casi un ángel.

Al tiempo decidimos tener relaciones y, de nuevo, todo iba bien. Pero después comenzó a insistirme en que lo hiciéramos sin protección. Yo me negué, pero él siguió insistiendo, insistiendo e insistiendo. Accedí en una ocasión y de nuevo volvimos a hacerlo con condón. Pero él no estaba satisfecho.

Comenzó a presionarme. Una y otra vez me decía que lo hiciéramos sin condón. Cuando me negaba, me hacía sentir como si yo se lo debiera porque la última vez que nos habíamos acostado él me había concedido hacerlo con condón. Como si fuera “una por ti, una por mí”.

Yo simplemente no quería porque no me interesaba quedar embarazada. Pero él insistía.

E insistía.

E insistía.

Y cada vez me presionaba más y más.

Un día, en su casa, cuando estábamos a punto de tener relaciones, le pedí que se pusiera condón. Él no quiso. Yo le dije que entonces no íbamos a hacer nada.

No le importó. Me abrió las piernas y me penetró.

Entré en shock. Mi cuerpo se venció como si supiera que el acto ya estaba hecho y que ya no servía de nada defenderme.

Sentí ganas de llorar, pero no podía. Quería gritar e irme, pero no pude hacer nada. Entre la fuerza que él tenía contra la mía, la única opción era rendirme y esperar a que acabara rápido. Después de que terminó, sentí asco por mí misma, por haberme dejado. Sentía que había pasado algo más, pero que él siguiera como si nada me hacía dudar. Yo no entendía que había sido violada.

No fue la única vez. En mi memoria tengo varios encuentros bloqueados, pero sé que siempre era el mismo guion: yo le pedía que no lo hiciera, a él no le importaba, me penetraba sin condón y sin autorización, yo me dejaba y luego me sentía mal. Él sólo me repetía que “con condón no se siente igual”, “sólo estoy contigo, confía en mí”.

Me sentía con la obligación de cumplirle. Supongo que era lo que se esperaba de mí. No me quedaban moretones ni marcas, sólo una tristeza profunda y mucha confusión. Como que no entendía cómo algo así podía pasar una y otra vez.

En una ocasión, cuando intentó penetrarme sin más, sin juego previo, lo paré y le dije que no lo hiciera. Yo no estaba excitada aún y no estaba nada lubricada, sabía que me dolería de esa forma y se lo dije tal cual. Él me ignoró y me penetró a la fuerza. Me dolió muchísimo y me quejé, le pedí que parara, pues me dolía, pero él siguió. Me dieron muchas ganas de llorar y sentí el mayor asco del mundo porque mi cuerpo, a pesar del dolor que sentí, reaccionó: a los minutos dejó de dolerme porque había lubricado, y sentí asco por mi cuerpo y por el de él.

Recuerdo esa sensación y ese momento y sólo me dan ganas de llorar. Me da impotencia de que no hice nada, de que él acabó y siguió el día como si nada, y yo fingí que no había pasado nada. Pero jamás volvimos a tener relaciones. No quise regresar a su casa nunca más y evitaba a toda costa estar a solas con él. No quería que me tocara, ni siquiera que me mirara.

Después de unos meses comencé a recordar cada una de las agresiones, en especial la última. Me daban ganas de llorar cada vez, hasta que lo empecé a recordar a diario.

Cada día me siento más culpable, sucia y triste. Aunque él sigue buscándome, cuando que veo un mensaje suyo, su foto o a él directamente, lo recuerdo todo, recuerdo esa maldita sensación.

No se lo he contado a nadie. Tengo miedo de que no me crean o me regañen y me culpen, y tampoco quiero denunciar porque no tengo ninguna prueba.

***

Comentarios de Viviana Bohórquez Monsalve**:

En las relaciones de pareja, el sexo es un elemento fundamental, pero no se puede presumir como algo que funciona en automático. El hecho de tener novia no es un pase en blanco para tener sexo siempre y como se quiera. Ese es un error frecuente y, por eso, en algunos casos los novios terminan abusando de sus parejas.

Hay muchos hombres que no oyen ni les preguntan a las mujeres sobre el sexo, no escuchan sus deseos, sus necesidades ni, lo más importante, su consentimiento. Entonces prefieren sentir que tienen el poder absoluto. Eso genera mucho dolor y trauma para las mujeres, pero además terminan siendo violadores sin darse cuenta.

Negarse a usar condón es una forma de ejercer violencia física y psicológica. El condón se convierte en una manera de mostrar la relación de poder. No usar condón es una práctica además peligrosa. Puede traer como consecuencia un embarazo no deseado, una infección de transmisión sexual o VIH. Por eso, la duda constante sobre lo que puede llegar a pasar es una forma de violencia psicológica.

No poder probar la violencia sexual es un temor frecuente de las mujeres. Es un temor real, pues la justicia no ofrece muchas garantías. Sin embargo, hay que arriesgarse a denunciar. Tener mucha fuerza. Pedir apoyo psicológico y jurídico. No estás sola.

* Helena es un nombre ficticio, por petición de la autora, quien le contó su testimonio al periodista Juan Carlos Rincón Escalante.

** Experta en género y miembro de Las Igualadas de El Espectador.

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La ilustración fue realizada por Ana María Muxo. Síguela en Instagram.

 

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