Por: Ignacio Mantilla

Mi última columna: hasta pronto

A pocas horas de entregar el cargo de rector de la Universidad Nacional de Colombia, que he ocupado durante los últimos seis años, y terminados los balances de las últimas semanas, debo ahora cerrar este importante ciclo de mi vida. El examen de los logros alcanzados, así como de los nuevos retos planteados, ha sido un buen ejercicio, indispensable para reflexionar y calificar tantas decisiones tomadas.

Antes de llegar a la Rectoría de la universidad más importante del país, recorrí por más de 40 años, desde cuando ingresé a sus aulas como estudiante, una intensa carrera que luego continué como instructor docente y como profesor e investigador. Alterné la actividad docente con el ejercicio académico-administrativo desde diversos cargos en el interior de la Universidad Nacional, entre ellos director de programas curriculares del área de matemáticas, director del Departamento de Matemáticas y Estadística, vicedecano académico, coordinador nacional de acreditación, director nacional de programas curriculares y decano de la Facultad de Ciencias por tres períodos, y participé también en múltiples cuerpos colegiados, de los que destaco, por ejemplo, el de representante del consejo académico ante el Consejo Superior Universitario.

Desempeñar estos roles fue como asistir a continuas prácticas de entrenamiento para competir en una carrera combinada al estilo de una prueba de decatlón, disfrutando de cada sesión y ganando al término del entrenamiento mayores destrezas para una nueva contienda: la Rectoría.

Puedo decir que fue así como logré una auténtica preparación para conducir esta maravillosa institución que es la Universidad Nacional de Colombia, patrimonio de todos los colombianos. No obstante, como se exige hoy en día a los profesionales competentes, el aprendizaje nunca termina y día a día debemos adquirir nuevo conocimiento y destrezas, pues no podemos dejar de maravillarnos y sorprendernos con los descubrimientos que nosotros mismos hacemos del mundo desconocido que creíamos abarcar.

Así como el primer paso seguro hacia la mediocridad profesional es creer que se domina enteramente un campo del conocimiento, en este medio, la decadencia que conduce con firmeza a la incompetencia empieza cuando un directivo universitario cree que ya no tiene nada más que aprender de la institución que dirige. Es por esta razón importante señalar que aún no he terminado de conocer enteramente a la Universidad Nacional y que continuamente me sorprendo de sus capacidades, potenciadas por los estudiantes y profesores que conforman una comunidad académica envidiable.

Son muchas las cifras que hablan sobre el timonazo que le hemos dado a esta institución. Dejo mi cargo con la convicción de haber tomado decisiones que reafirman su carácter público y que garantizarán su funcionamiento como universidad del Estado durante las próximas décadas, así como su fortalecimiento estructural y financiero, que le permitirá a la nueva rectora, Dolly Montoya, realizar las transformaciones que considere correctas para el bienestar de las nuevas generaciones de estudiantes. A ella le deseo una gestión exitosa y le ofrezco todo mi apoyo cuando así lo requiera. No obstante, parodiando al expresidente Belisario Betancur, me abstendré de intentar intervenir o cuestionar directa o indirectamente las decisiones que tome la nueva rectora: si no he sido el mejor rector, voy a ser el mejor exrector.

Normalmente, cuando uno va a realizar un cambio en su vida, está seguro de lo que deja, pero no sabe lo que le espera. En mi caso, por fortuna, podré retomar mi actividad docente después de disfrutar de un año sabático, necesario para actualizar proyectos, estudios y trabajos suspendidos.

La Rectoría de una universidad demanda tal atención y dedicación que, producto del buen humor, es conocida la respuesta que da un rector cuando se le pregunta ¿y a qué te vas a dedicar ahora que dejas el cargo?: “Pues me voy a dedicar a terminar mi libro”, responde. Y cuando su interlocutor le dice: “No sabía que estuvieras escribiendo un libro”, el rector saliente aclara: “No, lo estoy leyendo”.

Este espacio, que durante los últimos años me ha permitido compartir semanalmente con los lectores no sólo temas relacionados con la Universidad Nacional y la educación superior, sino también relacionados con las áreas de mi interés, está ahora disponible para que la nueva rectora escriba sus artículos.

Agradezco a El Espectador su generosidad para poner a disposición de la Rectoría de la Universidad Nacional este medio y aprovecho para despedirme de los lectores, tanto de los permanentes como de los ocasionales. Posiblemente en un futuro habrá oportunidad de volver a compartirles algunas reflexiones desde otro espacio, pues creo que en la prensa colombiana hay un vacío que puedo ayudar a llenar, especialmente con artículos de divulgación científica y particularmente de divulgación de las matemáticas. Ofrecer diez minutos semanalmente de ese tipo de lecturas puede contribuir modestamente al entretenimiento y puede ser un bálsamo entre la cotidianidad, la actualidad y la política que nos agobia.

A todos, muchas gracias por haberme leído.

*Rector, Universidad Nacional de Colombia.

@MantillaIgnacio

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