Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

“Mi vida en lápiz”

Con este sugestivo título, Claudia Blum nos sorprende con un libro autobiográfico de la más exquisita factura que engancha por su naturalidad y por las sinceras confesiones de esta dirigente cultural y política que tuvo un papel protagónico durante tres décadas de nuestra vida republicana.

Claudia, luego de su paso por Proartes, lapso en el que revivió los siempre extrañados Festivales de Arte cuando Cali era Cali, se abrió paso “de frente” en la política, primero local y luego nacional, inicialmente como concejala de su ciudad natal y luego como parlamentaria en cuatro oportunidades, primera presidenta del Senado en toda la historia del país, gestora del Ministerio de Ambiente, del restablecimiento de la extradición cuando el Proceso 8.000 —entre muchas otras cosas—, y embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, labores que acometió con unos resultados y un rigorismo ejemplares.

Con unas firmes e inquebrantables posturas éticas y democráticas, su paso por tan altas jerarquías le valió el reconocimiento aun de los sectores políticos no afectos a su causa y sí de la dirigencia social, gremial y económica, que aplaudieron su gestión.

Retirada del diario acontecer, dedicada al enternecedor oficio del abuelazgo, refugiada en sus cuarteles de otoño y alejada del mundanal rugido, Claudia se dedicó a escribir una retrospectiva de su propia vida reviviendo sus épocas de periodista y ha producido este libro editado por Planeta, que en lo pertinente al análisis sociopolítico del país lleva a una seria reflexión en torno al futuro que nos espera a los colombianos.

Mi vida en lápiz tiene su origen en una charla que tuvo con su nieta Viviana, de tan sólo ocho años, quien le dijo que ella usaba el lápiz para poder borrar, contrario a lo que su abuela creía de que los lápices servían sólo para escribir.

 

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