Por: Aura Lucía Mera

Miedo y poder

O el poder del miedo. Existe una frágil línea divisoria entre la democracia y la tiranía o la dictadura… casi imperceptible, pero definitiva. Así como el poema de Unamuno cuando se refiere al Cristo momificado de Palencia, le dice que “yace más allá de aquella pequeña diferencia, que es el trágico nudo de la historia”.

Leo apartes de la entrevista que la periodista Melina Balcázar Moreno, de la revista Milenio, le hizo al historiador francés Patrick Boucheron en 2016 cuando se publicó su libro El miedo, en que el escritor afirma que “dar miedo es el primer paso para provocar la obediencia (...) porque como vivimos bajo el gobierno de los afectos y las emociones, existe un uso político del miedo que crea y permite instituciones de dominación, y el miedo forma parte del ejercicio mismo del poder”.

Continúa Boucheron: “Si la sociedad experimenta una inquietud difusa y tiene miedo sin que nadie esté muy de acuerdo en qué es lo que produce ese miedo, es entonces cuando el gobernante o el tirano de turno nos ordena dónde dirigir ese miedo; es el que nos convence de qué es lo que nos debe atemorizar, y nos obliga a desviar la mirada sobre el verdadero peligro para que miremos hacia una parte y nos concentremos sólo en el peligro que él nos indica como el más urgente de evitar. Y así logra ejercer un gobierno autoritario”.

Estas palabras coinciden con las afirmaciones de Rudolf Hommes en su columna “Cambio estructural”, de El País, el domingo pasado: “En la actualidad estamos gastando en odios y en crear falsos temores buena parte de la energía que deberíamos estar empleando en forjar un futuro más armónico y más productivo para todos los colombianos. Ahora se está aterrorizando a las élites y a la clase media con el espectro del comunismo, causando pánico económico, debilitando los espíritus que nos podrían sacar del estancamiento y creando el ambiente para que se recrudezca la violencia”.

Estas reflexiones las saco a colación porque me preocupa y me entristece ver cómo personas que conozco, estupendas, trabajadoras, honestas, que han aportado muchísimo a la sociedad por sus espíritus de responsabilidad social y de equidad, lanzan prácticamente alaridos de terror y furia contra el Acuerdo de Paz y la JEP, afirmando y vociferando que “si llegan los castrochavistas al poder y no encarcelan a todos esos asesinos, nos van a dejar sin nada, se nos van a robar todo y nos van a degollar”.

Más claro no canta un gallo. A ciertos movimientos políticos lo que les interesa es vender miedo a como dé lugar, lanzando posverdades o mentiras, distorsionando argumentos con el pretexto de “defender el país de los malos y los comunistas”, cuando la verdad es que lo único que les interesa es ganar el poder. No importan los métodos. No importa que la violencia se recrudezca, al fin y al cabo los muertos los pone siempre el pueblo.

Manejan perfectamente la psicología de masas y la demagogia. Saben que la masa se deja guiar como ovejas y se vuelve incapaz de pensar individualmente. Saben cómo vender miedo, cómo vender el terror. Y ante un país en este momento confuso, porque de repente nos llegó la posibilidad de la paz y la reconciliación y eso no estaba en nuestra agenda porque hemos vivido en la violencia desde épocas centenarias, no sabemos muy bien qué hacer.

Los partidos se difuminan. Cada gamonal corre a apoyar al que lo apoye. Cada cual pregona lo que le viene en gana. Y las corrientes del miedo a un cambio estructural crecen su caudal. Los enemigos siempre “son los otros”, hay que buscar protección bajo el ala del caudillo que nos defienda de nosotros mismos, porque así no tendremos que mirarnos jamás.

¿Nos dejaremos llevar por ese miedo abstracto, irracional y malintencionado o sabremos mirar de frente y caminar hacia adelante por la Paz?

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