Por: Patricia Lara Salive

Mientras agoniza…

DICEN QUE EL PROCURADOR ASPIRA a ser presidente. Si así fuera, tiene olfato político, no obstante que su criterio jurídico no sea el más ceñido a la ortodoxia.

A juicio de analistas, carece de piso jurídico su decisión de elevarle pliego de cargos al alcalde, Samuel Moreno, y de suspenderlo por incurrir en “omisión”, al faltarle estudios de la fase tres de Transmilenio, al ejecutar seis contratos de valorización y al incumplir el cronograma de obras de la malla vial. Esa argumentación, dicen, “equivale a sancionar a Uribe por las omisiones de su gobierno y las acusaciones de corrupción contra sus funcionarios”.

Pero la gente siente que la decisión del procurador está justificada, dados el desastre de Bogotá, la tortura que padecemos sus habitantes y los escándalos de la contratación, que ya tienen en la cárcel al hermano del alcalde, al excontralor y a los empresarios Nule, y al borde de la muerte al partido de gobierno local, el Polo Democrático, única posibilidad que por mucho tiempo tuvo el país de que existiera un partido serio de oposición.

El correo de un lector, a quien le pedí su opinión sobre el tema, muestra el sentimiento de la ciudadanía: “Esta es la Crónica de una muerte anunciada —afirmó—, la historia de los contratos ampliamente comentados, la movilidad en cuidados intensivos, la seguridad de la ciudad guardada en los cajones de los escritorios de la Alcaldía mientras que los ciudadanos asumen por su cuenta el riesgo de atracos, lesiones y robos, el estancamiento o retroceso de la ciudad, el regreso a la selva de cemento con el espacio público invadido, los mil y un huecos en las calles, la necesidad de prever al menos dos horas y media para atravesar la ciudad en bus, el costo para las empresas de tener empleados que llegan fatigados, estresados e indispuestos a iniciar su jornada de trabajo (ojalá este desgaste se pudiese medir en los estados financieros de las empresas y cruzarlo contra los impuestos que se pagan al Distrito), y ¡ni qué decir del costo para las familias cuando los padres requieren cuatro horas para ir y venir de su trabajo! ¿Cuántos llegarán con ganas de compartir un par de horas con sus familiares en paz?”.

Mi querido lector tiene razón... Y esa razón política la entendió bien el procurador: los capitalinos no resistimos más: hoy, ¡la ciudad no es vivible, ni habitable, ni grata! ¡De Bogotá hay que salir corriendo! No se vislumbra otra solución. Y ese drama tiene que comprenderlo el alcalde: por más injusta que le parezca su situación, Samuel Moreno debe renunciar: Bogotá agoniza: ¡no puede sobrevivir con alcalde interino!

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¡Empresarios, a responder! ¡Es su hora de la solidaridad! Los bogotanos, por lo menos, merecemos que permanezca nuestra única posibilidad de ver obras de los grandes del teatro clásico: los que estemos comprometidos con la ciudad, tenemos el deber de apoyar la gran première del Burgués Gentilhombre de Molière, protagonizada por el empresario Jean Claude Bessudo, quien el 16 de mayo nos sorprenderá con una gran actuación, dirigida por Ricardo Camacho y preparada por él —con disciplina sorprendente—, con el único propósito de garantizar la existencia de ese sueño de quijotes que se llama Teatro Libre de Bogotá. ¡Pilas, por Dios!

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Murió el neurocirujano Salomón Hakim, inventor de esa válvula que permitía operar cierta locura, un genio de la ciencia y de la vida, un hombre inolvidable. ¡Llora mi corazón! ¡Paz en su tumba! ¡Un abrazo a los suyos!

 

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