Sirirí

¡Militarizarla, mar!

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Dos bandas de delincuentes tienen en jaque a una ciudad de 450.000 almas, que es el principal puerto sobre el Pacífico colombiano. Lo grave es que van ganando la pelea y tienen a los habitantes amedrentados, aculillados y escondidos. Están parados el comercio, las actividades laborales y el diario vivir de la gente que, inerme, no se atreve a salir para evitar ser blanco de un fuego cruzado o una bala perdida.

Paralelo a lo anterior, es innegable que existe una situación social explosiva producto del desempleo, la falta de oportunidades, la crisis de la educación, la salud, la vivienda y el imperio de la corrupción y el dinero fácil.

Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. No podemos aceptar ni justificar esta oleada de violencia como producto de las carencias que padecen sus habitantes, pues se trata de bandas criminales peleando por sus fronteras invisibles, dedicadas al microtráfico de alucinógenos. Como existe una superproducción y sacar la droga es difícil, prefieren mercadearla internamente y ahí surgen los conflictos por el no pago, las venganzas y la violencia demencial.

No se pueden mezclar las dos cosas. Es verdad que todos los gobiernos les han hecho conejo a los compromisos firmados sobre mármol. Es cierto que se han burlado de los lugareños quienes, desesperados, han hecho paros y cometido excesos, pues sus justas protestas siguen sin ser atendidas y todo ha quedado en promesas y más promesas.

Pero el Estado no puede permitir ni aceptar que se le busque a esta situación una explicación más allá de la crisis de institucionalidad, mientras se tolera sin mano fuerte una autoridad distinta a la consagrada constitucionalmente.

Los 120 policías que van a enviar servirán, si mucho, para aplacar los ánimos unos días y entrar en una calma chicha, pero esa es una solución pasajera.

Entonces, ¿por qué no militarizar esas zonas de violencia con la presencia del ejército, si la sola policía no puede imponer la ley? ¿Cuándo se convencerán de que esta medida —extrema, sí— es la única alternativa para hacer retornar la tranquilidad a la ciudad puerto?

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