Por: Antonio Casale

Millonarios

La derrota, algo amplia, del sábado contra el Quindío, donde llamó la atención la gran diferencia que hay entre titulares y suplentes en Millonarios, no puede enlodar el gran logro obtenido por el equipo a mitad de semana, cuando, después de diez años, accedió a la final de un torneo oficial.

La Copa Postobón no es igual de importante a la liga, pero es un campeonato que otorga cupo a torneo internacional y hace parte de la historia gloriosa de quienes lo han obtenido. Y lo más importante en este caso es que vuelve a poner a Millonarios en lugares que corresponden con el linaje de su historia.

Se ha llevado a cabo correctamente y sin desespero el, tan detestado por los hinchas, proceso. Palabra que a nadie le gusta porque hace que se promueva la paciencia, característica tan escasa en los tiempos de hoy.

Desde lo institucional hasta lo deportivo, sin grandes contrataciones pero con buenos líderes, Millonarios ha cambiado su cara al cabo de dos años. A pesar de haber pasado momentos difíciles, los números dicen que Richard Páez ha dirigido cuatro torneos, habiendo llegado en dos de ellos a semifinales y, en otro, a la final que está por disputarse. Números muy distintos a los de los últimos veintitrés años.

Jugadores de la cantera como Franco, Mosquera, Vásquez, Henríquez o Moreno son titulares frecuentemente y lo hacen mejor que los refuerzos extranjeros, materia pendiente de la dirigencia.

También hay que rescatar la paciencia que han tenido los dirigentes en los momentos difíciles de este proceso, tanto en lo deportivo como en lo institucional. Esa mesura hoy se premia con buenos resultados, y cuando lo institucional funciona, hay muchas posibilidades de que lo deportivo también lo haga.

De acuerdo, hay que jugar la final, y en el fútbol, como en la vida, sólo valen los logros obtenidos. Y campeón hay uno solo. Pero los resultados hablan por sí mismos: el nuevo Millonarios empieza a dar sus frutos y a llenar de orgullo a sus hinchas, que por tanto tiempo padecieron las desgracias de los malos manejos, las malas energías que desde todos los sectores ejercían presión despiadada y los malos resultados.

Aún falta mucho, pero, de a poquitos, Millonarios vuelve a ponerse a la vanguardia como modelo de lo que debería ser un equipo de fútbol en este país.

 

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