Por: Antonio Casale

Millonarios de felicidad

Quedar campeón contra Santa Fe ante su hinchada y supercampeón contra Nacional de visitante, significa la reivindicación de Millonarios ante su afición después de tantos años de tragedias deportivas.

Algunas fueron consecuencia de las malas decisiones institucionales; otras, de un grupo de jugadores o algún entrenador que llegaron con altas expectativas pero no pudieron gestionar lo que significa estar en un grande como Millonarios. También, como en la semifinal del primer semestre del año pasado, se escribieron capítulos en los que los palos, el arquero rival o el balón que se fue por centímetros malograron la posibilidad de escribir un nuevo capítulo dorado en la historia azul.

Pero la vida normalmente recompensa a los que persisten en su idea, y Millonarios lo hizo. La fórmula fue apostar por un técnico con las charreteras para soportar la presión de un gigante dormido, que pudiera armar un grupo competitivo a partir de jugadores de un nivel medio-alto, a quienes pudiera maximizar su potencial a la hora de hacer un grupo. Adicionalmente, empezar a mostrar jugadores de las divisiones menores. Todo bajo un modelo empresarial que incluye fórmulas, ecuaciones y demás términos que podrían parecer ajenos al fútbol.

Hasta hace poco, los expertos cuestionábamos esa manera de actuar en el mundo del balón. Pero ya lo ven, nada más inexperto que un experto. El fútbol se profesionaliza cada vez más en todos los aspectos y el institucional no es la excepción. Las empresas son como el cuerpo: si la cabeza funciona y está clara, el resto de partes responden correctamente.

Pero la alta competencia está llena de empresas que hacen las cosas bien, con sus oportunidades de mejora, claro está. En el fútbol colombiano, por ejemplo, no solamente el campeón y supercampeón, Millonarios, es un ejemplo de ello. Es de reconocer que Nacional, Júnior, América, Medellín y Cali son instituciones que en los últimos años han entendido que un buen equipo de fútbol es la consecuencia de una empresa seria. Santa Fe, a pesar de la zozobra actual, también se puede contar en ese grupo.

En esas condiciones, las diferencias las marcan pequeños detalles. Estos sí se definen en la cancha. La primera pelota que tuvo Ovelar, la convirtió en gol; la segunda, también. Esa alta efectividad es consecuencia del trabajo, la fe y, no nos digamos mentiras, de una buena racha, y las buenas rachas son para aprovecharlas. Ya era hora de que a los azules les pasaran cosas buenas. Por eso los hinchas tenemos razones de más para estar Millonarios de felicidad.

 

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