Por: Cartas de los lectores

¿Minería bien hecha en Santurbán?

Descontextualizado, cortoplacista y poco visionario el antieditorial prominero publicado por El Espectador (“Minería Sostenible”, 10/09/17), desde su comienzo con el abordaje que hace de la “delimitación” de Santurbán (2014), explicada anteriormente aquí.

Negociantes inescrupulosos encuentran en el Embalse de Bucaramanga (río Tona) la justificación para contaminar el río Suratá —nuestro futuro—, subestimando además su importancia a sabiendas de que, en verano, ha aportado más del 50 % de la demanda de Bucaramanga librándonos de racionamientos. Por contera, Minesa, con su proyecto de megaminería en las “inmediaciones” del páramo de Santurbán, falta a la transparencia cuando afirma, de labios para afuera, que utilizará 33 litros por segundo (l/s), pero en su Estudio de Impacto Ambiental, EIA, solicita una concesión de 300 l/s, del sistema Suratá, como lo expresó Jorge Gómez Pinilla en “Alerta: el agua de Bucaramanga está en peligro”.

Minesa dice que no utilizará cianuro ni mercurio pero el desastre empieza con la perforación de la roca: a la explotación minera del oro, la plata y el cobre se asocian elementos que, aunque permanecen inactivos en la montaña, en el momento de la perforación para la explotación liberan su altísima toxicidad; tal es el caso del arsénico y los sulfuros. Por cada gramo de oro se liberan 40 gramos de arsénico que terminan disolviéndose en las aguas subterráneas en estrecha relación con las superficiales, con su desmedida afectación. La presencia de sulfuros precipita la acidificación y contaminación de las aguas; además, existen 39 gramos de uranio por tonelada de roca. Minesa no controvierte el que es imposible físicamente tratar las aguas después de la intervención minera, y el “relleno” posterior de la montaña resulta poco creíble; claramente evidenciado en Debates Unab. De los sofismas económicos y sociales, ni hablar.

Minesa dice que respetará el páramo por encontrarse en los 2.600 m.s.n.m (bosque altoandino) pero nuestra agua no depende de una línea arbitraria trazada por la “delimitación” de marras, según la cual el páramo está en los 3.000 m.s.n.m., pues independientemente de esta, cualquier proyecto de megaminería por encima de las bocatomas de nuestro acueducto, de ser aprobado, afectaría la calidad y cantidad de nuestra agua. Antes de que el Gobierno oficializara la “delimitación” de Santurbán decíamos que las posibilidades de trazar una cerca con cierto número de hectáreas en su interior para favorecer intereses particulares eran infinitas, y que la mejor evidencia sería que las mineras seguirían allí, como efectivamente ocurrió. Además, por la interdependencia de dichos ecosistemas no se puede pretender intervenir el bosque altoantino sin afectar lo que está encima de él. Devastar lo de abajo afectará lo de arriba.

Las cifras hablan solas: el proyecto de Minesa, proyectado a 25 años, removerá diariamente 7.000 toneladas de roca, cifra aproximada a lo que recibe diariamente en basuras el relleno sanitario de Bogotá, y utilizará 35.000 toneladas de explosivos. No cabe en ningún entender que pueda haber “minería bien hecha” o “sostenible” en estos frágiles y vulnerables ecosistemas con el alto impacto de la megaminería.

En síntesis, “minería bien hecha”, “responsable” o “sostenible” en nuestros páramos y sus ecosistemas circunvecinos no existe. Lo que sí existe es la movilización santandereana en defensa del agua demostrada, nuevamente, con la multitudinaria marcha del 6 de octubre, inmejorable audiencia pública para solicitar al Gobierno no otorgar la licencia ambiental a Minesa. Los proyectos de megaminería allí jamás tendrán la licencia social de los santandereanos.

Erwing Rodríguez-Salah.

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