Sombrero de mago

Minga y seudodemocracia

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Extraña democracia esta, suponiendo que algo de esa manera de gobierno (¿forma de gobierno del Estado donde el poder lo ejerce el pueblo?) tenga alguna expresión en Colombia. Para el actual comisionado de paz, por ejemplo, no es democrático que la minga indígena deseé conversar de política con el presidente de la república. Para determinados sectores, quizá terratenientes, tal vez representantes de grandes comerciantes o servidores de banqueros, en fin, los movimientos de resistencia, las manifestaciones de protesta, son un tentáculo del terrorismo.

“¡Cuidado! La minga está infiltrada”. Viejos baldones contra los que defienden sus territorios, su cultura, su sobrevivencia. Qué dicha que los indios solo se dedicaran a tejer y vender mochilas, o ruanas, o suéteres de lana. O exóticas prendas para turistas. Hagan molas y dejen de joder, dirá alguno que mira con desprecio a los ancestrales indígenas. Recordemos al caporal del Centro Democrático cuando decía, sobre la minga en plena protesta en la Panamericana: “Es preferible cerrar esa carretera dos años, mejorar y cuidar la alterna que firmar acuerdos con la minga apoyada en el terrorismo” (trino de Uribe 6 de abril de 2019).

Y el mismo capataz observaba en otro trino: “Si la autoridad, serena, firme y con criterio social implica una masacre es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”. Qué pereza mingas, dicen señoronas del gobierno. ¡Nos van a contagiar!, advierten impolutos oficinistas palaciegos.

Qué irrespeto querer hablar de política con el presidente, el mismo que, de candidato, se disfrazó de indígena, con plumajes y “taparrabos” demagógicos, con ánimo de captar votos entre las comunidades. Cómo se les ocurre güevoniar tanto, si en la democracia está prohibido hablar de política, carajo. Y menos de denunciar que “nos están matando”. Qué es eso de protestar porque “Colombia cada vez niega posibilidad de vida, de ejercicio de ciudadanía, de expresión, de acceso a derechos a una gran cantidad de población como la del Suroccidente, la del Catatumbo, el Pacifico, la Amazonia, los sectores populares de la ciudad y el campo…”.

La minga se moviliza para protestar por las masacres, los asesinatos de líderes sociales, contra la satanización de las luchas populares, la estigmatización de las marchas. Y porque hablar de política es un derecho. ¿O qué es lo que representa el presidente? Una política al servicio de quién: ¿de las mayorías humilladas? ¿de los banqueros y otros magnates? ¿de los intereses extranjeros? ¿Si hay una iniciativa gubernamental que reivindique los derechos de los trabajadores, los campesinos, los desterrados, los desplazados, los desempleados, los despojados…?

De súbito, cuando la minga estaba avanzando hacia Bogotá, al presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, lo picó una preocupación por los contagios: “Es un despropósito organizar este tipo de mingas y marchas que en nada contribuye a controlar la propagación del virus”. Qué extraño. Ni moduló algo parecido cuando el desaforado Día sin IVA acumuló miles de consumidores desbocados, sin ningún protocolo de seguridad. Y también le pareció inconveniente que vaya a haber un paro nacional en plena pandemia.

Sí, claro, sería más “chévere” que los “indiecitos” y todos los que están soliviantándose contra las masacres, el desempleo, los atentados contra líderes sociales, las reformas antipopulares, fueran más “conscientes”, o sea, más atolondrados, serviles, aconductados y se resignaran al destino que les ha correspondido. Ya todo está repartido. Y a ustedes, mayoría, no les tocó nada. Tal vez sean asuntos del buen Dios. O de la nobleza terrateniente. O de los dueños del país. Quién sabe. Dobléguense. O, para no apelar a la represión, la censura, el Esmad y no tener que cooptar periodistas desvergonzados, acójanse a la servidumbre voluntaria.

Por lo demás, acuérdense que estamos en pandemia. Quédense en casa, o hagan una minga virtual. Vean que el presidente está muy ocupado en cosas importantes y ustedes no lo son. Ya los dejó plantados en Cali, con silla vacía y tales. Para qué insisten. Y no les paren bolas a los trinos de la alcaldesa de Bogotá: “¿No era más fácil ir, dialogar con humildad y resolver con profundidad las preocupaciones de la minga sobre el asesinato de líderes sociales, masacres e inseguridad creciente en sus territorios? Otra marcha que llega a Bogotá contra el Gobierno nacional”.

Mejor dicho, no sigan promoviendo “despropósitos”. Qué cuentos de que haya masacres y persecuciones a los que disienten, y que maten a los que se oponen a los desafueros oficiales y convocan al cumplimiento de los acuerdos de paz. Qué importa eso. Acuérdense que muchos de esos crímenes son por “líos de faldas”. No se hagan coger fastidio. Igualados. Dizque querer hablar de política con un presidente que hace tan profundos magazines televisivos y combate el coronavirus con emojis y otras altas demostraciones de inteligencia.

Extraña democracia la colombiana que estigmatiza la protesta social y niega que una de las más elevadas maneras del ejercicio democrático es el debate político y la discrepancia.

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