Por: Columnista invitado

Ministra Giha, ¿Vamos a una constituyente educativa?

*José Darwin Lenis Mejía

El sistema educativo del país, está saturado de planes indicativos como el presentado actualmente en el III plan decenal de educación 2016-2025. Es hora de hacer vinculante las demandas que la población espera se ejecuten como política pública para la educación en la próxima década. Aunque el plan decenal es una “construcción colectiva” y un lineamiento para la agenda pública educativa, su apropiación es vaporosa. Es decir, se aportan muchas ideas, pero poco se concretan en la práctica, por razones tan diversas  como la presión e influencia política de la agenda económica que impone la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). En tal sentido, los reclamos de los movimientos estudiantiles, las quejas oportunas de la Federación Colombina de Educadores FECODE, las propuestas de sectores educativos alternativos o de las mismas universidades públicas y privadas quedan a voluntad del gobierno de turno, porque lo propuesto en el plan decenal “Colombia la mejor educada de América Latina en el 2025” no es una política de Estado de estricto cumplimiento, sino una orientación a modo de lineamiento educativo que es inconsecuente con los propósitos y fines reales que la educación encierra.

Que todos tengamos una buena calidad de vida y acceso a más y mejores oportunidades es una buena intención y un discurso expresivo bellamente elaborado que se queda en el papel. Por lo contrario, para hacer efectivo el derecho a la educación, una solución coherente se ubica en establecer vía urna  electoral una gran consulta democrática para definir una educación de calidad como derecho y para el bien común. Para ello, el mecanismo es sencillo, votar una constituyente educativa. Así, la incorporación de las propuestas refrendadas por la población en la constituyente educativa, se insertaran a los planes sectoriales y de desarrollo nacional, regionales y locales para hacer una mayor articulación y un efectivo seguimiento, veeduría y/o evaluación de lo que allí se determine.

Una constituyente educativa, es transformadora en el sentido de obligar al Estado y los gobiernos a cumplir los propósitos, objetivos y metas que expresan la voluntad de la gente en materia educativa.

La relevancia de la educación para la sociedad y la ciudadanía tiene que ser un compromiso inaplazable e indelegable que permita dimensionar un país educado en el cumplimiento de metas claras y estratégicas de desarrollo humano y social de la población. Sin ser desesperanzador los 10 desafíos del nuevo plan decenal seguramente quedaran como letra muerta y un bello decálogo educativo, porque para constituirnos como un país integralmente educado, es prioritario pensar la educación como un derecho supremo de estricto cumplimiento y no un slogan sin un propósito imperativo.

Los 10 principio del plan sectorial se resumen en 1. Regular el alcance del derecho a la educación. 2. Mayor articulación de los niveles educativos. 3. Lineamientos curriculares pertinentes. 4. Una política pública para la formación de docentes. 5. Hay que dejar de enseñar lo mismo. 6. El problema de la educación no es tecnológico, sino pedagógico. 7. La sociedad colombiana ha enfermado emocionalmente. 8. Superar el atraso en los niveles educativos del sector rural. 9. Se requiere de mayor inversión y finalmente el 10. Más apoyo a la ciencia y la investigación. Todos se ubican en la línea de una educación pertinente y deseable. No así, su planificación, obligatoriedad y  concreción en las instituciones escolares y entes territoriales que quedan a su libre arbitrio de asumir la aplicación de un plan meramente indicativo y pobremente vinculante. Ha este plan le falta ser explícito en el dos conceptos de suprema importancia, primeramente asegurar una educación de calidad que implique que las infraestructuras, los materiales pedagógicos, la actualización en la gestión administrativa, directiva y docente se articulen pertinentemente al interior y en los entornos institucionales y para terminar esta década requiere enfatizar en una educación por y para la paz en donde la escuela, los maestros y la comunidades educativas tienen un papel protagónico en plantear modelos educativos que fomenten mejor convivencia, humanismo y pensamiento filosófico sobre las formas de vivir y existir dignamente sin los flagelos de la corrupción, la pobreza académica o las competencias a ultranza impuestas por un capitalismo salvaje que deshumaniza la labor y el acto de educar.

Señora Ministra Giha, comprenda que la constituyente educativa es una oportunidad de entregarle  responsabilidad al soberano pueblo para que defina el rumbo de la sociedad que desea se constituya en el corto, mediano y largo plazo y no un documento de expertos que poco dice de las vivencia específicas de la población más vulnerable y necesitada de educación con calidad y de calidad.

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