Por: Columnista invitado

Minúsculo problema

Lo recuerdo como si fuera ayer... Y es que ¡cómo olvidarlo! A finales de 2009 conocí al que de amigo pasó a tinieblo y después de cinco meses le concedí, para su fortuna, el título de novio.

Esta historia comenzó diferente a las otras que he vivido. No por aquello de llevarle casi cinco años, sino porque compartíamos el mismo trabajo y nos debíamos ver todos los días, todo el tiempo. El espacio por el que siempre he luchado, ese territorio impenetrable donde se encuentran mi yo y mi álter ego, estaba siendo invadido por mi compañero sentimental.

La relación se convirtió en un pendiente más de la lista de quehaceres diarios en la oficina. No tuve más opción que hacerme la difícil y aunque tenía ganas me hice la recatada. Pasaron casi dos meses cuando una noche en su casa, tras una botella de vino blanco, nos dejamos llevar por apasionados besos. Me dejé quitar la camisa. Aún con jeans, pero con ambos pechos desnudos, continuamos el alboroto, tanto que la calentura me llevó a buscar lo que no se me había perdido y mandé la mano ansiosa por sentir su sexo erguido.

Sus ágiles manos y sus 75 kilos encima de repente hicieron que los pantalones desaparecieran y en pocos segundos estábamos desnudos. Ansiosa y dispuesta a recibirlo, cerré los ojos. Sentí que estaba a punto de entrar pero de repente nada... Veía cómo este hombre de 1,87 se movía y con ganas de disfrutar ese contoneo decidí buscarlo y meterlo, pero me demoré más en hacerlo que en entender lo que pasaba... Mi mano era más que suficiente para abarcar su miembro. Sutilmente lo cogí con dos dedos y, sin querer hacerle daño, lo sostuve y me impresioné. Siempre he sido de las que piensan que el tamaño no importa, pero este era un caso particular, esto no se podía considerar siquiera como tamaño. ¡Era un micropene !

El cariño que le tenía evitó que me lanzara por el celular para dejar constancia y compartirlo con mis amigas. No lo intimidé. Pensé que la solución era lanzarme encima, pero al hacerlo se salió de nuevo. No había forma... Tratamos varias posiciones. Decidí entonces asumir este reto sexual y estaba dispuesta a... cuando de repente maniobró de maravilla y me dio el mejor sexo oral que he recibido. A pesar de su minúsculo problema supo batallar como Goliat y me satisfizo. Nuestra historia no duró mucho, pero su diminuto inconveniente siempre será recordado por mí y algunas buenas amigas.

Por: Brenda Cohen

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