Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Misa negra

NO LE FUE BIEN DEL TODO ESTA SEmana a Angelino Garzón, a la hora en la que el presidente Santos tuvo que responder sobre si sabía que el locuaz vicepresidente estaba interviniendo en política. A pesar de que el mandatario afirmó que su segundo no tiene poder para nombrar a nadie —lo que está por verse—, en vez de absolverlo, soltó un frío "espero que no", que es lo más parecido a no haberlo querido defender.

Aunque es probable que el vicepresidente no pueda nombrar directamente más gente que la que trabaja para él mismo en la vicepresidencia, sí tiene poder bastante para influir en otras nóminas oficiales, como ya lo hizo abiertamente, a través de una carta al director de Acción Social, en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, donde pidió vincular a 40 personas como contratistas, con importantes remuneraciones mensuales. Entonces, es una verdad a medias que Angelino no tiene poder para nombrar, porque sí lo tiene para que otros contraten a sus amigos y conocidos. En últimas, hasta más cómodo resulta el procedimiento de hacer nombrar, porque queda relevado de responsabilidad por los errores eventuales del recomendado.

Pero Angelino, al parecer, no sólo influye en varias decisiones burocráticas, como lo denunció el portal http://www.confidencialcolombia.com/newsletter/edicion_13/, sino también políticas, como ocurrió esta semana en mi natal Buga, donde al menos se tiene la sensación de que luego de la visita vicepresidencial el domingo pasado, sucedieron varios hechos políticos atribuidos a la manipulación política de Garzón.

El vicepresidente anunció a través de todos los medios que iría a misa a rendirle tributo al Milagroso, para conmemorar un año de su elección, en la que él sigue creyendo que los nueve millones de votos obtenidos por la fórmula que integró con el presidente, son exclusivamente suyos. Es probable que el Milagroso haya quedado muy contento de recibir a Angelino en actitud sumisa, pero no los bugueños. Lo que quedó de la visita tan devota a la “Ciudad Señora”, fue un extraño enroque político entre unos caciques locales desgastados moralmente pero llenos de puestos y contratos, que andan aspirando a diversas dignidades, y a lo mejor lo van a lograr, porque en esas poblaciones ya es ley que no se mueve una sola hoja sin el visto bueno de esa casta politiquera que se adueñó hasta del aire que respiran los lugareños.

En efecto, curiosamente después de la visita “angelical”, un señor de nombre horroroso, Francined Cano, quien estaba amenazando con lanzarse a la Alcaldía de Buga, renunció a su aspiración, para en su lugar apoyar a un tal John Harold Suárez Vargas, exalcalde, un oscuro político del terruño, que milagrosamente ha salido a salvo de varias investigaciones en la Procuraduría y la Fiscalía, por obra y gracia de la ayuda de otros políticos influyentes o por la negligencia de algunos de los responsables de adelantar los procesos en su contra. La renuncia no fue gratuita y tuvo su costo, pues ahora Cano recibirá apoyo del vicepresidente para que su padre sea elegido diputado o para que él pueda llegar a la Cámara de Representantes.

Ese aquelarre político se cocinó con la mano de Angelino y el visto bueno de la reina de la burocracia valluna, Dilian Francisca Toro. El domingo pasado todos rezaron y al final del día lograron el milagrito de un acuerdo clientelista, para repartirse otra vez la torta pública. Si eso no es intervenir en política y abusar del poder, entonces que nos digan cómo se llama.

Adenda. Bien por el general Naranjo, que ha asumido con responsabilidad y eficacia el penoso encargo de enfrentar la corrupción en la Policía Nacional.

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