Por: Héctor Abad Faciolince

Mockus y Fajardo: ¡únanse!

CUANDO ALGO SALE MAL “LOS SABIOS del día después” salen a decir, clarividentes hacia un pasado ya escrito, qué fue lo que hicimos mal.

Todos estos sabios le dicen hoy a Sergio Fajardo que si él se hubiera medido con los tenores, él habría salido de primero en la consulta verde, tendría partido con personería jurídica y más senadores que el PIN, con la diferencia de que no habrían comprado ni un solo voto. Al no unirse a los tres alcaldes bogotanos, Fajardo perdió casi todos sus votos de la capital y no pudo sacar, por consiguiente, ni un solo senador. Claro, estos profetas invertidos la tienen muy fácil, pero no supieron verlo en su momento, sino después.

Hoy quiero decir algo desde el presente, y anunciar un futuro lamentable, si Antanas Mockus y Sergio Fajardo no hacen el gran gesto generoso de unirse por un ideal mucho más grande que los dos movimientos que representan. Si se unen, en cambio, el futuro se llena de esperanza y sentido. Quienes hemos estado con uno o con el otro debemos presionar, en una especie de mandato ciudadano, para que estos dos políticos atípicos e íntegros se junten.

Hay un hecho: Fajardo es un candidato muy fuerte en Medellín y el Eje Cafetero, además con un trabajo de años de recorrer el país y plantar las semillas de su movimiento en los sitios más apartados de Colombia. Mockus tiene una fortaleza distinta: Bogotá, que lo conoció como uno de los mejores alcaldes de su historia, el que empezó la transformación positiva de la ciudad. Porque hay algo que el presidente Uribe —hombre rural que representa la ira y el desquite de los intereses del campo contra la infamia guerrillera— no ha entendido: Colombia es un país urbano, y su obsesión por la seguridad en el campo condujo a una crisis que ahora estamos viendo: los hacendados pueden volver a sus tierras, pero no pueden caminar por las ciudades. Uribe jamás se urbanizó: fue el presidente de la tierra, el último presidente rural de Colombia, y por eso los ex paracos y ex narcos (los nuevos grandes terratenientes) han estado con él.

Mockus y Fajardo serían la unión de un país que se urbanizó, que es en un 80% urbano y apenas en un 20% rural, para bien y para mal. Mockus y Fajardo representan el país estudioso y académico (ambos son matemáticos, los dos ex profesores), el de los que piensan bien antes de actuar, el de quienes han luchado durante decenios para ser mejores: no con negocios sucios, no con plata fácil, sino con el esfuerzo de una vida dedicada al estudio. El país los quiere, los respeta y los admira, y más los admiraría y querría si depusieran sus intereses personales y llegaran juntos a las elecciones.

Si Fajardo y Mockus no se unen (y ellos, inteligentes y amigables, sabrán cómo hacerlo) estarán cometiendo cada uno por su lado un suicidio. Si se juntan, con más claridad se verán las bobadas inconmensurables de Noemí, su mediocridad compensada con simpatía, y la antipática arrogancia de un Santos que tiene sólo periódico, apellido y falsos positivos para aspirar a la Presidencia.

La unión completa de Mockus y Fajardo haría un movimiento arrollador que acabaría atrayendo los votos liberales limpios, los votos independientes del Polo Democrático, los votos no comprados de las ciudades grandes y pequeñas. No es sólo la unión de dos personas, sino de dos proyectos políticos complementarios. Pero si no se unen en este momento único, en esta ocasión histórica para que la limpieza y lo incorruptible llegué al poder, por culpa del individualismo de cada uno le estarían quitando a Colombia una de sus oportunidades más claras y valiosas para dar un salto hacia adelante. Sergio y Mockus: ¡únanse, junten sus ideas! Si lo hacen, la Colombia buena se volcaría a apoyarlos y al fin, aquí, llegarían al gobierno los justos, las ideas de pulcritud pública y justicia cabal que ustedes dos representan.

 

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