Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

Mockus y Robledo: notables diferencias

La ida de dos parlamentarios del Congreso como Antanas Mockus y Ángela María Robledo no es indiferente al país, no propiamente porque los dos hayan tenido idéntico protagonismo. Sin duda Robledo ha sido una congresista aguerrida y trabajadora que ha mantenido una postura digna frente a esa jauría uribista, cuyo presidente eterno ahora se considera asistido de autoridad moral para insultar a gritos llamando sicario a quien lo critique. Ángela María hará falta porque es una voz firme con sustancia.

En cambio a Mockus nadie lo extrañará en el Senado, porque en verdad no se le conoce una intervención seria, sino jornadas recreativas como la de jugar a no dejar caer a Uribe, o lanzar madrazos a las Farc y a los paramilitares, o bajarse los pantalones para promocionar sus partes nobles. No ha habido un solo proyecto suyo que se haya convertido en ley, ni un discurso memorable para defender la democracia que está amenazada por el Centro Democrático y el tercer gobierno de Uribe presidido por Duque. Pero Mockus es un hombre de buenas porque, sin haber hecho nada en el Congreso, sus seguidores le queman incienso y lo endiosan.

Pero hay todavía otro hecho que marca una diferencia importante ente Mockus y Robledo, ahora que ambos han sido excluidos por el Consejo de Estado. Ella aceptó resignada y republicanamente la decisión, que por supuesto tiene derecho a no compartir y a controvertir en los estrados judiciales. Por el contrario, Mockus, honrando su costumbre de volver todo lo suyo grandes encuentros mediáticos, ha montado un tinglado para arrinconar a la justicia que dice acatar y respetar, pero de dientes para afuera.

El carnaval que protagonizó Mockus con su disparatada tutela contra la sentencia que lo dejó por fuera es para no olvidar. Lo primero que hizo el exalcalde fue ofrecer una rueda de prensa en el propio Palacio de Justicia anunciando que acataba la decisión y que respetaba a la justicia, ante la cual sin embargo compareció con un arsenal de micrófonos y un batallón de periodistas para que fueran testigos de la interposición de una tutela.

Pero allí no paran los desafíos del exalcalde, porque su abogado, quien de nuevo vistió el ropaje de litigante, dio unas declaraciones sorprendentes por lo equivocadas. No se trataba de dictar cátedra, sino de impresionar a la galería. Sostuvo el togado que el tema de la inhabilidad de Mockus era cosa juzgada, porque unos días ante el Consejo de Estado había rechazado una demanda encaminada a privarlo de su investidura por los mismos hechos. Lamentable yerro, porque no es lo mismo un juicio de pérdida de investidura que otro de nulidad de la elección. Para saber eso no se necesita haber sido registrador nacional del Estado civil, ministro, constituyente o magistrado de una alta corte. Eso es como sostener que si se sanciona disciplinariamente a un funcionario por haber incurrido en unos hechos que también tipifican un delito, no se le podría adelantar además en su contra un juicio penal.

Es imposible sostener el argumento de la cosa juzgada del primer fallo del Consejo de Estado, cuando el propio equipo jurídico de Mockus reclamaba que no podía haberse anulado su elección hasta tanto se decidiera la segunda instancia de la sentencia de pérdida de investidura. El pez muere por su boca. Ciertamente, si el fallo de pérdida de investidura no está en firme y los asesores de Mockus exigen que la Sección Quinta del Consejo de Estado ha debido esperar a que esa decisión cobrara firmeza, pues de su peso se cae que tampoco había cosa juzgada como lo ventilaron en la aparatosa rueda de prensa. No puede predicarse cosa juzgada de una decisión judicial sobre la que pende la posibilidad de ser modificada por otra autoridad.

Lo único cierto es que Robledo ha mostrado templanza ante la adversidad, mientras que Mockus se le olvidó ejercer como el gran profesor de la cultura ciudadana, que fue entre otras cosas el objeto del contrato que no llevó su firma pero que sí le fue adjudicado a Corpovisionarios por cuenta de su indiscutible prestigio.

Adenda. De 271 días de gobierno, 93 en paros y protestas confirman el desastre del subpresidente Duque.

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También le puede interesar: "Mockus y Ángela María Robledo sin curul: dos golpes a la oposición"

 

 

 

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2019-04-28T05:10:00-05:00

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2019-04-28T15:43:03-05:00

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Mockus y Robledo: notables diferencias

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