Modernidad y mujeres

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La pandemia ha significado un profundo retroceso para las mujeres trabajadoras. No sólo perdieron sus empleos, o debieron dejarlos para encargarse del duro trabajo no remunerado de criar y educar a los hijos, sino que tuvieron que enfrentar la violencia intrafamiliar, el machismo cerril y los feminicidios en ascenso.

En Estados Unidos el panorama no ha sido muy distinto. De igual manera la reducción de los ingresos, el desempleo o la intensificación de la jornada laboral y la agresión física han marcado en especial a las mujeres. Pero en un país como Colombia, en el que la férula del patriarcado está presente a diestra y siniestra, en el que aún es escasa la participación femenina en los centros de decisión, tanto en el ámbito público como en el privado, es de verdad histórico el encuentro de mujeres el pasado lunes en Honda, Tolima.

Esa reunión se dio en medio del recrudecimiento de la guerra en varias zonas del país. La idea es clara: una democracia sin la participación decisoria de la mujer es incompleta. Por eso una frase de la representante Ángela María Robledo resumió el espíritu del encuentro: “¿Qué tenemos que hacer? Tú, ganarle a Petro, y yo, ganarle a Fajardo”. Robledo se refería a la activista social Francia Márquez, quien se ha convertido en un importante símbolo de defensa del medio ambiente y contra el racismo, la opresión y la violación sistemática de derechos humanos.

De inmediato se prendieron las alarmas en las redes sociales, en especial en Twitter. En resumen: Fajardo y Petro eran una especie de líderes naturales, a los que no había que derrotar sino seguir, cada uno desde su propia orilla. Muchos se atoraron con el hecho de que dos mujeres buscaran la Presidencia, a través de una especie de primarias dentro de sus propios combos.

Márquez aún no forma parte del Pacto Histórico, pero de cualquier manera será candidata a la Presidencia, al igual que Robledo dentro de la Coalición de la Esperanza. Las dos dirigentes firmaron el manifiesto surgido de la primera Convención Nacional Feminista, convocada por el movimiento Estamos Listas, nacido en Medellín. Una frase de tal documento me impactó: “Sin el feminismo, la historia colombiana difícilmente dejará de mirarse en el espejo roto de sus fracasos y ausencias”.

La irrupción de una nueva generación de mujeres en el panorama político nacional es la ratificación, una vez más, de que su lucha, sus reivindicaciones tantas veces postergadas o, en el peor de los casos, reprimidas bajo ese poder bifronte de patriarcado y ejercicio atrabiliario del poder serán el nacimiento de la modernidad en Colombia. ¿Por qué es necesario que las diferentes agrupaciones feministas de este país depositen sus esperanzas en dos candidatas a la Presidencia? Porque la manera tradicional de hacer política deja un espacio demasiado estrecho para la participación femenina, porque la pandemia y las grandes desigualdades, más la violencia, han recaído de manera feroz sobre la mujer. Para no hablar de cómo las iglesias y los partidos legislan sobre sus cuerpos, castigan la decisión íntima y muy difícil de abortar, y se niegan a tomar en serio el abuso sexual, el machismo, el maltrato o la discriminación en el trabajo.

Dentro de la plataforma de los movimientos feministas se encuentra además el respeto por las diversas opciones sexuales o de identidad de género, y la lucha frontal contra la discriminación racial. Todo eso sin duda es una ruptura con los valores patriarcales que vienen de la Colonia, enquistados en un imaginario social que ve con estupor la posibilidad de que la mujer tome las riendas de la sociedad, en igualdad de condiciones con los hombres.

En las primarias pasadas del Partido Demócrata, de los 29 precandidatos cinco fueron mujeres. La que más cerca estuvo en un momento dado de conquistar la nominación de su partido fue la senadora Elizabeth Warren, pero el electorado azul prefirió votar por un curtido político, exvicepresidente, para derrotar a Trump. Al final, Biden escogió a Kamala Harris como su formula vicepresidencial, y en su gabinete hay una presencia importante de mujeres, al igual que en posiciones clave dentro de la Casa Blanca.

El camino aún es muy culebrero, para hombres y mujeres, en un país en el que sus líderes y lideresas sociales son asesinados. Varios países de América Latina han tenido presidentas. En Colombia, ha habido algunos antecedentes de candidatas presidenciales como María Eugenia Rojas o Noemí Sanín, pero ninguna de ellas tuvo una agenda feminista que buscara, desde su óptica, unas políticas transformadoras de género. Sí la esgrimió Socorro Ramírez, en 1978, como opción presidencial socialista y feminista, pero en ese entonces era un solitario atrevimiento, demasiado adelantado para la época. En Honda se vio que la presencia femenina en este siglo XXI, de la mano de una nueva generación y de condiciones históricas muy difíciles, marcará nuevos rumbos y nuevas formas de entender la política y la vida.

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