Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 13 horas
Por: Luis I. Sandoval M.

Momento crucial

La palabra conmoción viene bien para describir este momento de la coyuntura crítica en que está el país. 

Hay conmoción social por los paros de indígenas, campesinos y afrodescendientes, otra vez la ONIC se ve obligada a convocar Minga por incumplimiento de acuerdos; conmoción por los escándalos de corrupción que se siguen produciendo, ahora estalla el SENA; conmoción por el agotamiento del fast track sin que se hayan tramitado proyectos claves de la paz; conmoción por las conjeturas respecto a la suerte del sinnúmero de candidatos y candidatas presidenciales.  

La conmoción es evidencia clara de que se agudiza la crisis. Colombia efectivamente está en profunda crisis por la enorme dificultad del establecimiento para asimilar el tránsito de la guerra a la paz con algunas transformaciones básicas económicas, sociales y políticas. Las exigencias de la paz, la descomposición de porciones importantes de las élites, la presión social legítima por soluciones largamente aplazadas, ahí está el meollo de la conmoción que agudiza la crisis. 

La conmoción que se advierte en el curso de los acontecimientos, conmoción digamos societal, puede dar lugar a que el poder en apuros acuda al expediente de decretar la conmoción interior para tratar de que los hechos no lo rebasen sino que pueda direccionarlos al menos en parte. Hay señas de que el gobierno del Presidente Santos apelaría a este recurso para avanzar en la implementación normativa del Acuerdo de Paz suscrito con las Farc-Ep hace exactamente un año. 

Bienvenida la conmoción interior como esfuerzo adicional para sacar adelante el  acuerdo de paz. El Congreso tendrá que ocuparse de los proyectos que le someta el gobierno. Ojalá lo haga sin desvirtuar lo sustancial del acuerdo, ojalá con sentido de premura para que no se diga que la exguerrilla se adelanta cuando lo que existe es retraso protuberante en el cumplimiento por el Estado.  

Pero esta conmoción jurídico-política dista mucho de responder a los inmensos retos de la conmoción societal que agita al país. El persistente reclamo social de indígenas y campesinos, que ahora se radicaliza con plena razón, tiene un sentido profundo y estructural, el repudio a la corrupción en amplias capas sociales especialmente de jóvenes constituye una requisitoria sin antecedentes al mal gobierno de las élites tradicionales. 

La paradoja está en que ante el viejo establecimiento haciendo agua no surge un amplio movimiento alternativo con potencia suficiente para producir un relevo en las riendas del gobierno. La experiencia enseña que cuando se descolocan los de arriba avanzan los de abajo. Así pasó en Francia y Rusia, por ello se produjeron las revoluciones de 1789 y 1917, respectivamente. Cuando se agotan dictaduras y guerras surgen nuevos regímenes políticos. 

Pero en todas esas experiencias la condición del éxito ha sido siempre la unión que permite la constitución de mayorías decididas a cambiar: se unió el Tercer Estado en la Asamblea francesa, se unieron las distintas corrientes revolucionarias en Rusia, se unieron los partidos, movimientos e iglesias de sentido democrático en América Latina para desplazar las dictaduras en los 80, se unieron partidos y movimientos sociales en época más reciente para instalar gobiernos progresistas. 

La conmoción decretada, si se produce, aliviará pero no solucionará la conmoción societal. Sobre la movilización social, la experiencia de los gobiernos territoriales alternativos, el proyecto de república democrática y social que subyace en los acuerdos de paz, sobre la calidad del liderazgo de hombres y mujeres del espacio alternativo se puede triunfar en el pulso del 2018 entre el viejo y el nuevo país. No es momento de quejarse, es momento de tomar la iniciativa. ¿Nos juntamos? 

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