¿Cómo responder a los retos en materia de medio ambiente y desarrollo sostenible?

hace 1 hora
Por: Iván Mejía Álvarez

Monstruo

Los paraguayos se llevaron tan sólo dos goles. Merecieron irse con cuatro, como mínimo, por el volumen ofensivo de la selección en el segundo tiempo, por la cantidad de opciones y porque el trámite global del partido indica que hubo mucha diferencia entre quien intentó y quien tan solo pensó en no perder.

La lectura del técnico Pékerman fue perfecta, los cambios atinados y bien ejecutados, un poco tarde el ingreso de Sánchez, demasiado pensado porque el técnico hubiera preferido defenderse con tenencia de bola y ataque y no metiéndole más marca, y el equipo funciona muy bien en el segundo tiempo a partir de la charla y las variantes del conductor.

Cada época tiene su ídolo y los aficionados de hoy recuerdan apenas a El Pibe y conocen muy poco de Willington y muchísimo menos de Maravilla Gamboa, los máximos referentes históricos del fútbol colombiano en todas las épocas. A este póquer de ases, extendible a Faustino Asprilla, podría añadírsele ya mismo el nombre del nuevo ídolo Radamel Falcao García, quien está entrando paso a paso, gol a gol, en el Olimpo de los elegidos y ya es el referente obligado de la década.

Vaya si tiene ángel, si tiene carisma, si cae bien y si juega bien. Sus dos goles fueron una fantasía, su manera de resolver en las dos situaciones muestra un jugador de altísimos kilates, un depredador excepcional que matiza hoy su saber estar dentro del área con maravillosos gestos técnicos. Porque, fíjense que en ese primer gol, calcadito del que les metió con el Atlético al Bilbao y al Chelsea, recibe conduciendo con la derecha, amaga y engancha hacia adentro y coloca la pelota en el borde interno del botín zurdo para acariciarla en la pegada y ubicarla en el ángulo mas lejano del portero. Arquea el cuerpo, hace la palanca, tiene superficie de contacto y su visión de la posición del arquero y la suavidad de su toque son un modelo a copiar. Gran gesto técnico. Y en el segundo, revísenlo, hace seguir de largo a Da Silva y cuando el arquero va saliendo él ya lo ha visto en una fracción de segundo y decide tocársela con sutileza por encima. Excepcional definición.

Falcao es un portento de jugador y de persona. Por allá regañó duro a Cuadrado por una pelota que no le pasó y después se fue a donde el chico a brindarle disculpas y a conversar con él para limar cualquier aspereza. Gesto de hombre respetuoso y maduro que no abusa de su condición de ídolo y líder.

Falcao toca ya las puertas de la historia y a este ritmo quiere disputar el título de mejor jugador colombiano de todos los tiempos. ¿Usted qué piensa, está muy lejos o ya va llegando?

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