Por: Gonzalo Silva Rivas
Notas al vuelo

Montaña rusa

Se prende la fiesta del Mundial y la gélida Rusia se transforma en alegre hormiguero de turistas y aficionados que durante un mes le inyectarán, además de buena vibra a las ciudades sedes, fajos de dólares a sus economías. En la Federación dejó de hablarse de las tensiones con las potencias occidentales, las amenazas terroristas y la guerra en Siria. La atención se concentra ahora en sus renovados y modernos estadios y en el incomparable producto turístico resumido en esa pequeña franja geográfica europea donde se jugarán los partidos.

La Copa del Mundo es un evento taquillero con relevantes efectos socioeconómicos. Junto a los dividendos que se empiezan a obtener por ingreso de divisas, el país materializa importantes beneficios con la construcción y remodelación de una amplia red de obras de infraestructura deportiva, hotelera, aeroportuaria, de carreteras y de hospitales, avances que son realidad gracias al torneo y que replicarán en la economía por largas décadas.

La parafernalia del Mundial anima la lenta recuperación económica del país, que hace un par de años crujía ante las sanciones unilaterales de los EE. UU. y la Unión Europea. En el último lustro, desde que comenzó a barajarse la organización del certamen, su impacto en la economía se refleja en US$15.000 millones, US$2.000 millones relacionados con la industria del turismo. Y mientras para los próximos cinco años los beneficios se cuantifican en US$3.000 millones, el PIB salta un 1 % adicional, superando el registro alcanzado por anteriores anfitriones, como Brasil, Suráfrica, Alemania y Corea del Sur y Japón.

Rusia, con sus 17 millones de kilómetros cuadrados de superficie, se mueve dentro de la escala media de las corrientes receptivas del planeta, pero no es un destino caracterizado por las oleadas del turismo de masas. Recibe el 4 % de las llegadas aéreas internacionales y el 1,7 % de los ingresos de la industria por este concepto. En 2016 fue el refugio de 24,5 millones de viajeros del exterior y a sus arcas entró una jugosa tajada de US$8.000 millones.

Visa, que reina en esta república que tiene entre sus 146 millones de habitantes un alto nivel de bancarización y generalizado uso de tarjetas de crédito, proyecta para la temporada un aumento del 10 % en el ingreso de turistas y un incremento en el gasto individual por encima del 31% —con respecto al visitante de época normal— logrado cuatro años atrás en las húmedas pero soleadas tierras cariocas. Tradicionalmente entre junio y julio se movilizan por Rusia alrededor de 4,3 millones de turistas internacionales pero este año, atraídos por el Mundial, podrían llegar 800.000 nuevos viajeros.

La rentista de hospedajes Airbnb estima que 180.000 personas utilizarán su plataforma para hacer check-in en ese país, 9 % de ellas provenientes de América Latina, región que pese a su lejanía tendrá masiva presencia de turistas motivados por su pasión hacia este deporte. El Top 5 de turistas en el Mundial divulgado por el Comité Organizador incluye como mayores aportantes a cuatro naciones del continente. Con la cuota más alta figuran Estados Unidos, México, Colombia y Argentina, seguidos de Australia. Entre las ciudades latinoamericanas, Bogotá, Buenos Aires y Ciudad de México marcan la pauta.

Rusia, por su ubicación geográfica, no es un destino situado en el radar de los colombianos, pero poco a poco comienza a despegar. Despertó con los albores de la década y se ofrece como alternativa turística y de negocios. La no exigencia de visa para estadías menores a 90 días le permite visibilizarse en los catálogos de viaje como extensión de las tradicionales correrías por el centro de Europa. Según Anato, en 2017 cerca de 1.100 viajeros nacionales salieron a ese país, 400 más que en 2010. Este año las cifras tienden a doblarse.

Aunque son escasos son los turistas que se desplazan desde estas tierras, la diáspora colombiana, extendida por el mundo, habrá de tomarse las calles y estadios rusos y durante un mes pondrá su particular toque de magia tropical y caribeña. Rusia nos revive los recuerdos y la alegría de aquel Mundial de Chile 62, cuando la malla soviética de la legendaria Araña Negra, Lev Yashin, fue sacudida cuatro veces por nuestros nacionales. Y no faltará que esta vez la Selección repita allí otra memorable hazaña que nos abstraiga de la vertiginosa montaña rusa sobre la que se montará este domingo nuestra controvertida política criolla.

[email protected]

@Gsilvar5

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Gonzalo Silva Rivas

Voluntad política

El nuevo petróleo

Tomar el vuelo

Con la más fea

Meter golazos