Por: Nicolás Rodríguez

Monumentos confederados y sus fotos

Por la misma época en que aparecieron con insistencia diferentes tipos de monumentos para supuestamente enaltecer la memoria de los soldados y generales que pelearon en la guerra civil estadounidense del lado de los secesionistas, miles de afroamericanos fueron colgados, mutilados y quemados vivos.

Hoy las miradas se centran en esos monumentos confederados que algunas ciudades, tipo Baltimore y Nueva Orleans, han retirado en silencio. O que otras se resisten a jubilar en museos. O que de plano les bailan y rezan alrededor. El sur de los Estados Unidos está plagado de símbolos confederados. No solo la bandera que infunde miedo es motivo de orgullo.

Al debate sobre el futuro de los monumentos y sobre si está bien retirar al general Robert E. Lee y a su caballo, parqueados en Charlottesville (el mismo general que dirigió a los ejércitos confederados, perdió y no fue nada activo en la liberación de los esclavos que heredó), le viene bien el contraste con los linchamientos. El que tenga dudas que se atreva a mirar las fotos.

Por los mismos años en que organizaciones de mujeres blancas promovieron la construcción de los monumentos celebratorios de la confederación, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, en épocas de las leyes de Jim Crow, ocurrieron miles de linchamientos de afroamericanos registrados en fotografías. Familias enteras con niños a bordo acudían a los asesinatos y posaban para la cámara. Cada linchamiento era un carnaval e incluso las fotos se convertían después en postales turísticas.

Los memoriales confederados no son una simple exaltación del pasado. Fueron ideados por los blancos del sur, con la connivencia silenciosa de uno que otro blanco del norte, para trancar el movimiento de los derechos civiles y asegurar la superioridad. Para guardar el derecho a coleccionar las postales de los linchamientos que viajaban alegremente por correo.

 

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