Por: Cecilia Orozco Tascón

Moral elástica del ministro... y de otros

La elasticidad moral que muchos tienen como norma de vida da para todo, inclusive para que quienes la estiran o encogen según lo requieran, se paren ante sus auditorios a pronunciar discursos de indignación por los escándalos de corrupción y, simultáneamente, sean corruptos en su vida cotidiana y corrompan a otros con actos que no merecen la menor autocensura porque, practicados por ellos, sus familiares, sus amigos o sus aliados, quedan cubiertos con un manto de santidad: una especie de varita mágica que convierte lo feo en bonito, lo malo en bueno y lo inadmisible, en indispensable para conseguir el fin que justifica cualquier medio. Sí, se trata de la elasticidad moral que funciona de manera similar al fenómeno económico de acuerdo con el cual una variable modifica su ser, si otra variable también lo hace. Uno de los descubrimientos del presidente Duque, estrella de su gabinete por su inteligencia, hiperpreparación académica y juventud, es Jonathan Malagón, ministro de la cartera de Vivienda. Sin embargo, una investigación periodística de la reportera Juliana Ramírez, de Noticias Uno que pasó semidesapercibida por la información, en la misma emisión, sobre el retiro de este noticiero, del Canal 1, demuestra con puntos, comas y otras signos que el brillante Malagón llamado a ascender al cielo de los genios, incurrió en presunta falsedad intelectual en un escenario pulcro por naturaleza: la academia.

Falsedad intelectual, en el caso concreto de Malagón, por la apropiación de partes de textos y gráficos “de elaboración propia” en su tesis de doctorado de la Universidad de Tilburg, Holanda, que fueron tomados de textos de otros autores, pasó sin tropiezo por el filtro de su elasticidad moral: no hubo cuestionamiento alguno en la conciencia del doctorando ni, al parecer, en las de unos de sus jurados que se irritaron antes de la inminente publicación de Noticias Uno, e intentaron detenerla tal como lo hizo la propia estrella, el ministro Malagón, por interpuestos personajes.

El ministro de Vivienda tiene tan solo 35 años. En estado de pureza conductual, diría uno por su corta edad y dedicación al estudio. Pese a su escaso lapso de vida en este planeta, Malagón cuenta, de acuerdo con su currículum oficial, además del doctorado en Tilburg, con dos pregrados (en Economía y Administración de Empresas); y dos maestrías (en Política Económica y en Finanzas). Y, por si fuera poco, ha ejercido, simultáneamente con su carga universitaria, sus profesiones en organizaciones de éxito como Asobancaria y Fedesarrollo. Un esfuerzo descomunal. El doctorando presentó su tesis de grado en Holanda en diciembre de 2017, en una ceremonia formal ante cinco jurados de la mayor credibilidad. Pasó, sin problemas, y recibió su diploma de mayor peso. Pero la juiciosa reportera de Noticias Uno encontró, en el escrito que Malagón presentó en Tilburg, párrafos enteros y cerca de 30 gráficos exactos a tesis de grado de al menos tres de sus amigos y subalternos, publicados en fechas anteriores a la suya (ver): dos, del año 2016, una de junio de 2017. Los tres afectados le deben a Malagón no solo amistad: también agradecimiento porque les ha dado la mano en sus estudios y en sus puestos de trabajo.

La explicación del ministro es elástica: en privado, afirmó que los textos de sus exalumnos fueron publicados con posterioridad al suyo. Oficialmente, aseguró que él, los tres estudiantes, y uno más que él mencionó - y que Noticias Uno no tenía en el radar de su investigación-, escribieron “en conjunto” los documentos examinados por la periodista. No obstante, resulta completamente inusual, en el rigor que exige la academia mundial, que ni en los escritos de los estudiantes ni en el del ministro, haya citas de autoría original o, siquiera, de coautoría. A la vista están las tesis, las fechas, los párrafos y los textos copiados de uno a otro texto. Falta por revisar con mayor detenimiento esos documentos y, tal vez, nos llevemos más sorpresas. Como sea, la elasticidad moral del ministro y sus admiradores importantes o comunes le dio vía libre a su “copialina” con efectos profundamente diferentes entre Bogotá y la ciudad holandesa Tilburg: aquí, Noticias Uno fue censurada por funcionarios gubernamentales y economistas prestantes, por “amarillista” y por “querer destruir una vida de esfuerzos”. En Tilburg, la universidad acaba de anunciar en su página oficial que “ha tomado nota de los informes de plagio en la tesis doctoral del doctor Jonathan Malagón”. Y añade que “está tomando en serio estos informes y llevando a cabo una investigación objetiva para decidir los pasos a seguir”. Por su parte, la Universidad de Columbia, en donde el ministro obtuvo una maestría, dijo, en comunicación escrita, que examina “muy seriamente el caso, y (que) emprenderá las acciones debidas”. La moral elástica de este país no existe en otras latitudes. Así somos.

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2019-09-11T00:00:03-05:00

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2019-09-12T16:28:26-05:00

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