Por: Julio César Londoño

¿Morirá al fin la culebra?

Las elecciones de mañana son cruciales porque en el futuro inmediato los gobernantes de los municipios y los departamentos del país deberán resolver temas como la aplicación de la ley de tierras y las reformas a la educación y a la salud.

Los municipios manejarán presupuestos mayores por las regalías derivadas de la minería y el petróleo. Además, están pendientes centenares de casos de parapolítica y corrupción pública del pasado reciente.

Pese a los nubarrones que amenazan los comicios del domingo, hay algunas luces de esperanza en capitales y departamentos claves.

Todo parece indicar que la Gobernación de Antioquia quedará en las excelentes manos de Sergio Fajardo. El alcalde de Medellín puede ser Aníbal Gaviria, un señor que le dará continuidad a las buenas administraciones de Fajardo y Alonso Salazar. Un triunfo del tenebroso Luis Pérez tiraría por la borda todos los logros alcanzados en esa ciudad que ha avanzado tanto en los últimos ocho años… y a la que tanto le falta, hay que decirlo, sobre todo en políticas de inclusión y medidas de seguridad.

Las últimas encuestas dan como ganador en Bucaramanga a Luis Francisco Bohórquez. No es una pera en dulce, pero es peor su rival, Marta Elena Pinto, una señora apoyada por Uribe y el PIN, las mismas fuerzas que apoyan al candidato a la Gobernación de Santander, Richard Aguilar, hijo de un exgobernador que está tras las rejas.

En Bogotá el favorito es Petro. Ojalá gane porque el unanimismo de la “Unidad Nacional” ya parece más una religión que un partido. Es urgente para la buena salud de nuestra democracia que la izquierda tenga al menos una tribuna tan importante como la Alcaldía de Bogotá, máxime ahora, luego de la debacle del Polo por obra y gracia de “la doctora”, su hermano y sus amigos. El momento de Gina Parody no ha llegado y el de Peñalosa ya pasó. Con todo, no debemos despreciar la experiencia de este señor: podría ser el Alto Consejero de Ciclovías de Petro. Peñalosa perdió las elecciones pasadas por meticuloso y estas las va a perder por pragmático: aceptó el apoyo del más cuestionado de los expresidentes colombianos. Peñalosa no debe ser alcalde. Asusta pensar que en el pleito del carrusel de la contratación y en los pliegos del metro metan mañana la mano el beato Uriel Gallego y los hijos del expresidente.

En Cali va a ganar Rodrigo Guerrero, un señor inteligente y vertical, con amplia experiencia en administración pública y en programas de inclusión social (Guerrero rechazó un alto cargo en el gobierno nacional, dotado de un presupuesto billonario, para volver a trabajar, otra vez y otra vez, por la ciudad a la que le ha dedicado su vida).

Para la Gobernación del Valle votaré por el liberal Jorge Homero Giraldo, porque la alternativa es macabra: un muchacho desconocido, Useche, pelele de un señor demasiado conocido, Juan Carlos Martínez.

En Barranquilla hay confianza en que Elsa Noguera, virtual alcaldesa de la ciudad, le dará continuidad a la buena gestión de Alejandro Char, un muchacho que resultó ser la oveja blanca de la familia.

Hay luces de esperanza pero nada está ganado. Es imperioso salir a respaldar a los mejores, o a los mejorcitos, porque sus rivales son sujetos poderosos y malucos. Hay que elegir buenos candidatos en las gobernaciones y en las capitales para contrarrestar siquiera un poco los resultados de las ciudades pequeñas, que amenazan ser desastrosos.

Me consuela pensar que existen buenas probabilidades de que salgan derrotados los candidatos de Uribe en Bogotá, Medellín, Antioquia, Santander, Bucaramanga, Pereira, Cali y el Valle. El lunes sabremos si al fin la culebra, la verdadera culebra, está muerta.

 

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