Por: Lorenzo Madrigal

Motivo hecatombe

SE BUSCA PRESIDENTE. NO LO SAbíamos y llevábamos casi dos años sin presidente legítimo. De milagro no existe un vacío de poder por aquello del principio de legalidad, según el cual lo que ha tenido un origen de algún modo legal lo sigue conservando, mientras no sea revocado.

Pero la ilicitud, ha dicho la Suprema Corte, no puede legitimar un acto constitucional, como fue, en este caso, la reforma que dio lugar a la reelección presidencial inmediata. Ilegítimo el acto, ilegítima la elección, no que ésta deba repetirse, sino que no debió existir. Repetirla es cometer doble ilicitud.

Si se tratara solamente de un asunto electoral, habría que imaginar un escenario en que los candidatos lícitos (Gaviria, Serpa, Mockus, qué sé yo…) concursaran de nuevo, sin la presencia del ilegítimo. La refrendación electoral es la típica apelación al pueblo para desviar un tema legal, que no puede tomarse a la ligera ni llamarlo santanderismo,  por ser esencial a la República.

Tampoco le parece a Lorenzo que la Corte haya condenado, sin antes vencer en juicio, a los funcionarios que hoy, con ojos desorbitados, conceden ruedas de prensa en Palacio, tutelados, como niños, por el paterfamilias. No. La Corte ha condenado a quien recibió las dádivas, que compraron su voto en vulgar acto de comercio, no a los funcionarios de la otra punta del cohecho, respecto de los cuales no asume o se ha limitado a compulsar copias.

Es caso gravísimo y, como le escuché a Alberto Casas, no visto desde el 9 de abril del 48. La Nación se convulsionó entonces, pero al menos el presidente era legítimo. Y con razón no cedió. Aquí tampoco piensa ceder, siendo ilegítimo, y, más bien, ha resuelto enfrentar a la Justicia, tildarla de terrorista y elevarle denuncias, de oportuna revancha.

No alcanzó el iracundo, en su poder presidencial omnímodo, a tener una Corte amiga, pues al menos en el caso de ésta, no hay antiguos asesores de su Gobierno ni familiares de diplomáticos, premiados con embajadas del primer mundo.

El delito está configurado y ha sido declarado. En cuanto al pronunciamiento, que obligó a remitir copias a la Corte Constitucional, no puede ser más claro: existió una clara desviación de poder. Otra frase del fallo se refiere a que de un delito no puede salir legitimado un acto constitucional. Declararlo es consecuencia obligada de la misma sentencia y sólo le queda a la Constitucional decidir si puede o no tocar la exequibilidad que le concedió, sin saberlo, a un acto ilícito.

                                             -------------------------------------

El Buen Pastor, verdadera “corte de los milagros” ha vencido a la cortesana Casa de Nariño.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Madrigal

Entiendo a Santos; a Mockus, no

La historia a merced de sus relatores

Todavía no es con Duque

Dos visiones de la paz

Otro domingo para el suspenso