Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Motivos para el Sí ambiental

En todas las guerras el medio ambiente es el perdedor. Cuando el propósito es doblegar al enemigo, la protección ambiental es irrelevante y toda acción bélica genera destrucción. Una salida pacífica es una oportunidad y un reto para el medio ambiente.

Lo firmado en La Habana, principalmente en el primer punto del acuerdo, define un compromiso con el desarrollo sostenible centrado en la conservación y acceso al agua, y con la democratización del acceso y uso de la tierra. Este compromiso se fundamenta en criterios de sostenibilidad ambiental, vocación del suelo, ordenamiento territorial y participación comunitaria. Los programas de desarrollo local con enfoque territorial y las zonas de reserva campesina son instrumentos para la gestión ambiental. El acuerdo hace referencia a proyectos de riego y drenaje con sostenibilidad ambiental y asistencia técnica para la adaptación al cambio climático. Hay compromiso para la promoción y conservación de las semillas nativas y para incentivar la producción orgánica y la agroecología.

Este acuerdo es una oportunidad para que el ordenamiento ambiental territorial deje de entenderse como una imposición normativa y se defina como un acuerdo entre vecinos, como un asunto de cultura política; en él encontramos oportunidades para construir la paz con el ambiente, mediante una gestión concertada entre comunidades e instituciones, buscando siempre opciones sostenibles y democráticas para el manejo del territorio. No deforestar el bosque o desecar un nacimiento por el compromiso con nuestros vecinos, más que con normativas impuestas desde afuera, es parte de lo que podríamos lograr en este escenario.

La integración de territorios antes aislados por la guerra permitirá un mejor vivir y generará oportunidades para desarrollar actividades productivas sostenibles asociadas al bosque y a la seguridad alimentaria con cacao, café, ganadería, frutos y esencias naturales, entre otros.

Un ejemplo, que retomo no por su importancia relativa, sino por ser muy ilustrativo y claro, es el turismo basado en la observación de aves. Según estudio reciente, coordinado por el Fondo Patrimonio Natural de Colombia y ejecutado por la Universidad de los Andes, en asocio con Conservation Strategy Fund, National Auduban Society y Calidres (ONG colombiana), Colombia es el país con más potencial para el desarrollo del aviturismo en el mundo por tener la mayor diversidad de aves en el planeta (1.900 especies registradas). Con la puesta en marcha del acuerdo de paz, muchas zonas de Colombia serán más atractivas para visitar que las áreas silvestres de Costa Rica, hoy principal destino de los observadores de aves en América Latina. Los observadores de aves, si hay seguridad, participación de las comunidades locales y posibilidades de alojamiento y alimentación en condiciones mínimas de comodidad, estarían dispuesto a pagar hasta US$310 por persona/día, es decir US$60 dólares/día más de lo que hoy pagan en Costa Rica. El número de observadores de aves en Estados Unidos que no conocen Colombia y que estarían dispuestos a venir si hay seguridad, sería de 280.000 personas. Sólo las visitas estimadas de los miembros de la National Auduban Society generaría en alojamiento y guías nueve millones de dólares anuales y 7.500 nuevos puestos de trabajo. El capital son los pájaros.

Estas son solo algunas razones para votar por el Sí ambiental en el plebiscito, ¡obvio que Sí!

 

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