Por: Patricia Lara Salive

¡Muchachos, qué peligro!

“Hace meses fui con mis amigos al concierto de Aerosmith. Ya me había tomado unos aguardientes... Pero me exaltaba la música mucho más de lo normal… Y me sentía muy arrecho, no tenía calor, ni frío, ni hambre, ni sueño… Me hice amigo de todo el mundo... Se me fueron las inhibiciones… Quería comerme a todas las viejas, no podía esperar... Era un estado de felicidad plena…”.

“¡Me envenenaron el trago!, pensé, y se lo dije a Piojo, mi mejor amigo. Él comentó que sentía lo mismo que yo”, cuenta Pedro.

En efecto, después de indagar con varios compañeros, uno de ellos le confesó a mi joven amigo, muerto de la risa, que sí, que al trago le habían puesto “veneno”, lo cual, en el argot de los jóvenes, significa que le habían echado éxtasis o alguna otra droga, en este caso MDMA, que es un éxtasis puro... Así tendrían cuerda para que la rumba les durara hasta el amanecer.

Lo que me alarmó de la historia de mi gran amigo Pedro, con quien conversé largamente sobre el tema, a raíz de la reciente muerte de María Andrea Cabrera, causada por ingerir, al parecer de manera involuntaria, una mezcla de éxtasis y de trago, es que me dijera que esa es una práctica muy común, sobre todo en las fiestas electrónicas y en los conciertos.

“Echan el éxtasis en polvo en el trago o en los pasantes, y uno se pone feliz, y las viejas se lo dan a uno facilito, y la gente pasa la noche de maravilla”, afirma Pedro.

“A eso le dicen envenenar el trago”, añade. “Y no es percibido como algo malo”, concluye.

Ese punto es, justamente, el más alarmante: que esa práctica, que le causó la muerte a María Andrea, hoy sea vista por muchos jóvenes como algo normal, divertido.

El general Fabricio Cabrera, padre de la víctima, y su abogado, el destacado penalista Jaime Granados, han sostenido que el de María Andrea fue un homicidio culposo por omisión, que contempla una pena hasta de 25 años de cárcel, y dicen que van a proceder en consecuencia. Están en su derecho de hacerlo.

Además es lógico que el general Cabrera, como padre adolorido, quiera probar que la muerte de su niña obedeció a un asesinato y que ella no consumía drogas. Probablemente no lo hacía. Pero sí salía con amigos a quienes les parecía normal “envenenarles” el trago a las niñas con el fin de deshinibirlas.

Si María Andrea consumía drogas o no, no es un hecho relevante para la sociedad. Lo que sí lo es, pues se trata de algo definitivamente peligroso, es que para mejorar la rumba se acostumbre combinar el éxtasis con el licor.

En este caso, por alguna reacción particular del organismo de María Andrea, esa moda le causó la muerte. ¡Y enhorabuena se prendió el escándalo! ¡A ver si a raíz de que se conozca el peligro que conlleva esa mezcla dejan de hacerla! ¡Y a ver si los jóvenes comienzan a cuidarse y a tomar sólo del trago comprado por ellos y a no beber del que les ofrezcan sus vecinos o amigos!

Ahora es indispensable que el Gobierno haga un gran plan educativo y que, con los ministerios de Educación y Comunicaciones, RTVC e ICBF a la cabeza, las alcaldías, los medios de comunicación, los colegios y las universidades, se emprenda de inmediato una campaña que resuene en todo el territorio nacional para que no se repita otra muerte como la de María Andrea, una joven inocente que apenas comenzaba la vida.

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Motivo viaje, esta columna reaparecerá en tres semanas.

 

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