Por: Daniel García-Peña

Muchas gracias

Nunca había recibido una llamada de Ivonne Nicholls. Por ello, me pareció extraño encontrar un mensaje suyo en mi correo de voz. Cuando me comuniqué con ella, mi sorpresa fue aún mayor: me había ganado el Premio Simón Bolívar por el Mejor artículo de opinión del año.

Se trata de un columna publicada el 23 de junio de 2010, sólo tres días después de la elección en segunda vuelta de Juan Manuel Santos como presidente, titulada “¿Uribe III o Santos I?”, en la que me dio por ironizar y especular acerca de las contradicciones y tensiones que tendrían lugar entre el entonces presidente y su recién elegido sucesor. Brujo, me dijo una de los jurados.

El Premio Simón Bolívar tiene un sentido especial en mi familia. La primera vez que fue otorgado el Premio a la vida y obra de un periodista fue a mi abuelo Roberto García-Peña, q.e.p.d., en 1976. Mi primo, Roberto Posada García-Peña, D’Artagnan, q.e.p.d., fue reconocido con el mismo premio en 2005. Este último también fue galardonado como Mejor columna de opinión en 1986 y 1989, mientras otro primo, Rodrigo Pardo García-Peña, se lo ganó en 2004. Me sentí muy chévere contribuyendo a tan linda tradición familiar.

Pero la verdad es que no recordaba bien si yo había estado antes o no en alguna premiación y si sí, cómo eran. Me puse la corbata y, escoltado por mi esposa y mi hermana, salí a recibir el premio. ¿Será que me toca pronunciar unas palabras, dar los agradecimientos de rigor, decir algo medio inteligente? Pensé en los óscares, los grammys, las indias catalinas y en las reinas de belleza. En el camino, fui preparando mi discurso, por si’aca.

Pero tan pronto se inició la premiación, fue evidente que el formato no daba para ninguna clase de intervención. Eso sí, estuvimos tan de buenas que nos sacaron en la página social de Semana, fotografiados con Poncho Rentería.

Quiero compartir con ustedes, por tanto, el discurso que había preparado y que no tuve la oportunidad de dar ese día:

En primer lugar, quiero agradecerle a Juan Manuel Santos por no ser Álvaro Uribe. ¡Gracias, señor Presidente! Gracias a mi esposa María por sus sugerencias, críticas y corrección de estilo y, sobre todo, por ser mi compinche. Gracias a mi mamá y a mi tía Sonia, mis dos lectoras más fieles. Gracias a mis hijas, Natalia y Manuela, que son las principales inspiraciones en mi vida.

Gracias muy especiales a Fidel Cano, por haber creído en mí desde hace años y por haberle dado a esta oveja negra refugio en el que siempre será para mí el diario de los Cano. Gracias a todos los amigos de El Espectador, por la importancia que le dan a la opinión. Gracias a mis lectores, muchos de los cuales me escriben con sus comentarios, incluyendo esos que sólo lo hacen para insultarme, pero que al menos se toman el tiempo para leerme. Gracias a Gustavo Petro por haberle anunciado mi premio al mundo por Twitter.

Por último, quiero recordar a dos personas que ya no están con nosotros y en quienes pienso cada vez que me siento a escribir una columna: a mi primo D’Artagnan y mi abuelo Roberto García-Peña. Es a ellos a quienes quiero dedicar este premio. Muchas gracias.

[email protected]@danigarciapena

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