Por: Olga Lucía Barona

¡Mucho bobito!

Tal vez de ingenuas se pueden tildar las declaraciones del jugador de Millonarios Carmelo Valencia, al confesar que efectivamente, en el clásico del sábado ante Santa Fe, había simulado una falta que terminó en penalti, que había engañado al pésimo árbitro antioqueño Adrián Vélez y, lo peor, una frase para enmarcar: “el fútbol es de los vivos y no de los bobos”.

Si bien la situación no es como para rasgarnos las vestiduras, porque a leguas conocemos de las mañas de los futbolistas, resulta curioso que Carmelo no tenga un poco de pudor y exponga a la luz pública su falta de juego limpio.

Se le podría abonar a Carmelo que tenga los pantalones para reconocerlo, pero ante una sociedad tan golpeada como la nuestra, no me parece elegante que un deportista, quien se supone que es ejemplo para la juventud, se jacte de sus errores. No lo estoy condenando, ni mucho menos. Ni más faltaba. De delincuentes sí está lleno el país y por ahí andan sueltos como si nada. De esas jugada dudosas como la suya, hay 50 en un fin de semana en el mundo futbolístico, pero en lugar de quedar como el vivo de la película, terminó como el bobito, porque seguro ahora la Comisión Disciplinaria de la Dimayor lo va a ‘clavar’ por dárselas de avispado. Por algo, por ahí dicen que la ropa sucia se lava en casa.

 

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