Por: Ricardo Bada

Mucho "Hitler" en Wagner

Un ortopedista alemán, de Dortmund, debió pagar cierta vez una multa de más o menos US$6.300 por recetarle como terapia, a un paciente con el hombro derecho descoyuntado, nada menos que hacer el saludo nazi brazo en alto.

Y para que el efecto terapéutico fuese mayor, el paciente debía gritar «Heil Hitler!» y entrechocar los talones.

El médico se disculpó luego, alegando que se trataba de una broma, pero la verdad es que hay bromas que merecen palos.

De todos modos, esa disculpa me recuerda mucho uno de los mejores chistes gráficos alemanes que he visto en mi vida. En el desván de una casa, un niño acaba de abrir un baúl lleno de cosas viejas. Entre ellas un espléndido retrato de Hitler, a todo color. La criatura lo tiene entre sus manos y grita hacia abajo, hacia el resto de la casa: «¡Papá, mamá!, ¿de dónde sacaron este cartel tan bueno de la película de Chaplin?».

Viene todo esto a colación porque estamos en vísperas de inaugurarse el 60° Festival de Bayreuth (segunda etapa, es decir, la de posguerra).

Entre 1933 y 1944, en la primera etapa del mismo, el más encumbrado visitante de dicho Festival fue un vesánico plagio de Charlie Chaplin llamado Adolf Hitler. La directora de semejante festín musical del Viejo Continente, Winifred Wagner, nuera de su fundador y viuda de su único hijo, una ferviente admiradora del austríaco pintor de brocha gorda, pertenecía al partido nazi desde 1926. No era pues uno de esos oportunistas que se enganchan al carro del vencedor cuando ya está dando la vuelta de honor al circuito.

Aquí sería conveniente recordar lo que Thomas Mann escribió en su exilio californiano, allá por 1949: «En las fanfarronerías de Wagner, en sus eternas peroratas, en su querer hablar él solo, en su querer meter las narices en todo, existe una incalificable inmodestia que prefigura a Hitler: ciertamente hay mucho “Hitler” en Wagner».

No se olvide: el escritor alemán que más a fondo ha penetrado en el secreto de Wagner ha sido precisamente Thomas Mann. Y al decir que en Wagner había mucho “Hitler”, incluso aunque sea entre comillas, sabía de lo que estaba hablando. Sólo que ¿es por eso menos turbadora la melodía del “hechizo del Viernes Santo” en Parsifal?, ¿suena menos arrebatadora la cabalgata de las valquirias?

Para concluir, señalaré que si bien Bayreuth continúa poniendo en escena las óperas de Wagner, sólo alcanzan ese honor las diez compuestas a partir de El holandés errante, ninguna de las cuatro anteriores. Hasta a Wagner se lo discrimina en su propio teatro. Ciertamente, hay mucho “Hitler” en Wagner.

 

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