Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria
Horizontes

Mucho más contra el abuso

Nunca antes había habido tanta solidaridad frente a los abusos, y especialmente con la mujer. Los abusos silenciosos, físicos, psicológicos, sexuales, de aquellos que ostentan el poder frente a una carrera artística, un deporte, una creencia religiosa, un trabajo regular, una posición política, entre muchos otros casos, han creado un importante movimiento cuando han salido a la luz pública los abusos sufridos por actrices, periodistas y personas de opinión en Estados Unidos. La denuncia contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein fue un detonante que inició el movimiento Me Too (A mí también), al que poco a poco se suman más personas y que cuenta con un fondo de más de US$10 millones para apoyar la defensa legal de las víctimas con menos privilegios. Y es que cada día se denuncian más casos, no sólo en la actuación, también en el periodismo, como fue la caída de Charlie Rose (CBS) y Bill O’Reilly (Fox); en el deporte, como el reciente enjuiciamiento y condena al médico Lawrence Nassar por el abuso de más de 150 jóvenes, e igualmente los recientes casos de entrenadores de fútbol que abusan de los niños que entrenan, y eso para no hablar de los sacerdotes.

Los casos se dan en todo el mundo, no sólo a las actrices de Hollywood. Se dan en todas los países y regiones, generalmente en forma silenciosa. Las víctimas tienen temor, se apenan de haber sido abusadas o agredidas, se sienten frágiles, pero hoy han encontrado a muchas otras mujeres, de toda condición social, que también han vivido esa experiencia. De ahí la importancia de que mujeres que tienen voz lo puedan hacer en nombre de las que no tienen para contarlo. El movimiento Me Too ha cruzado fronteras y de alguna manera ha sacado de la impunidad a aquellos con posiciones de poder y un mundo en el que ser hombre es equivalente a poder y fuerza. Otro movimiento ha surgido: Time’s Up (Se acabó el tiempo), promovido por 300 mujeres de la industria cinematográfica que hacen lobby para que se elaboren una legislación que penalice a las empresas que toleren el abuso y una hoja de ruta para alcanzar la paridad de género. Dicen: “Se acabó el tiempo del silencio, se acabó el tiempo de esperar, se acabó el tiempo de tolerar la discriminación, el acoso y el abuso”.

La denuncia pública, el efecto cadena que se ha desarrollado, los actos de solidaridad como el que hicieron las mujeres en los Golden Globes y los Bafta al vestirse de negro y usar un broche, son importantes pero no suficientes para aquellos que no tienen la misma voz. Es necesario, además de que la justicia funcione con penas más fuertes para el acosador y el abusador, que se legisle igualmente para castigar a las empresas que toleren el abuso, como el Time’s Up; emprender programas de prevención para los niños, jóvenes y mujeres; es necesaria más seguridad en los espacios públicos, en el Transmilenio. Igualmente, son necesarios sitios de atención atendidos por mujeres que entiendan las denuncias, que las apoyen y que no pongan en duda la agresión al decir que la mujer la provocó. Son numerosas tareas que no sólo se deben fortalecer, sino que se debe emprender, mucho más contra el abuso.

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