Iván Duque es el nuevo presidente de Colombia: Marta Lucía Ramírez, su vicepresidenta

hace 4 horas
Por: Reinaldo Spitaletta

Mucho olor a podrido

Son atrayentes las noticias de estas fechas. Con senadores -en rigor uribistas- que acuden a una embajada a pedir asilo político porque –dicen- se sienten perseguidos en Colombia. Esto sí rebasa las imaginaciones garciamarquianas. Y con el reverdecer de declaraciones de la señorita Yidis, aquella cuyo voto “comprado” reformó la Constitución y dio luz verde a la reelección presidencial.

Lo habíamos escrito por aquellas calendas (2004) en un diario de Medellín que, por lo demás, censuró la columna: “Fue muy lindo (¿Teodolindo?) aquello. Los heraldos del Presidente, ahí el supernotariado, allí el director del DAS, acullá el Minprotección, allá el justiciero Mininterior, ofreciendo leches y mieles por un voto”. Y aquel hecho (cohecho) ahora vuelve a estar en la palestra para mostrar la corruptela oficial. Gajes de la memoria recuperada.

Tal suceso no fue un episodio nauseabundo, ni vergonzoso, ni de prostitución política, sino lo de siempre: una orquestación del poder para seguir en el poder. Suele pasar en Colombia. No hay “compra de conciencias”, sino persuasión, según reciente eufemismo presidencial.

Digo que ya las noticias no son solamente de pobres que se vuelven más pobres porque se les cayó la casa, ni de colegialas lesbianas, ni acerca de liposucciones mortales. No. También, a fuerza de los hechos, se filtran en noticiarios y periódicos la parapolítica, la intentona de asilarse en la embajada de Costa Rica del primo del presidente de la república, las declaraciones de una testigo de cargo, en fin. El espectáculo sube en emociones.

Parece que ahora, el unanimismo y el pensamiento único, que quisieron imponer los plutócratas en el país, se han ido desmoronando. Van destapándose las componendas y maridajes, los turbios matrimonios entre políticos y paracos, las cuotas de las “autodefensas” en el Congreso. Y hasta los “falsos positivos”, tan comunes desde hace rato en este reino de la mentira, el clientelismo y la corrupción.

No sé si a usted le motiva la risa aquella consigna presidencial “contra la politiquería y la corrupción”, y precisamente la realidad, tan tozuda, ha evidenciado que este régimen se ha sustentado en esos dos avatares. Cuando el caso de cohecho, que implicó entonces a altos dignatarios del gobierno, se decía que a cambio del voto para la reelección se realizaría en las comarcas de los seducidos por la política (politiquería) oficial, inversiones sociales. Curioso trueque aquel. Las “vergonzosas” dádivas de don Sabas y compañía eran un recorte de camino para la reelección.

Ah, y lo peor para los vendedores de votos: no les cumplieron la promesa. Se quedaron con el pecado y sin el género. Ah, y lo de la inversión social ha sido lo de menos. ¿Cuál? La de cerrar hospitales, acabar con el Seguro Social, aumentar la pobreza y el desempleo y el número de desplazados, la de privatizar boyantes empresas estatales, al tiempo que hay empresas privadas de salud están bajo el control de parapolíticos.

Ahora sí las noticias –incluso las de los canales y periódicos oficiosos- hablan del fracaso del cabildeo colombiano en la metrópoli para la suscripción del TLC, y de la protesta de más de sesenta congresistas gringos que protestan ante el gobierno colombiano (¿otro acto de injerencia en los asuntos internos?) por las declaraciones temerarias del asesor presidencial José Obdulio Gaviria sobre la marcha del pasado 6 de marzo.

Y también se habla de la catástrofe de la agricultura colombiana, de la conversión del país de exportador a importador de alimentos, del maltrato del minagricultura a los desplazados por la violencia. ¿Qué estará pasando que hasta los medios de información más oficialistas están incluyendo en sus agendas noticiosas los casos de parapolítica y otras truhanerías? La política (politiquería) colombiana se ha movido siempre por el clientelismo, el tráfico de influencias, los contratos, las comisiones, las “dádivas” como aquellas con las cuales compraron votos para la reelección, y tal situación de inmoralidades y corrupciones ha aumentado en los últimos tiempos.

Ah, y el caso de la parapolítica es impresionante. El ochenta por ciento de los vinculados a las investigaciones por ese rubro son uribistas. ¿Será mera coincidencia? Y qué tal los asesinatos de sindicalistas. Por estos días, el senador Jorge Robledo lo recordó en un debate al ministro de Protección (?) Social: “Desde el 2002, en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, 85% de los sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos. En el año 2003, el 73% de los sindicalistas asesinados en el mundo son colombianos. En el 2004 el 66% y en el 2005 el 61%”.

Alguna vez el escritor Jorge Luis Borges dijo que ya no leía periódicos porque desde el descubrimiento de América no se producía ninguna noticia importante. Bueno, por estos días en Colombia las noticias son atrayentes, no porque estén bien escritas o bien dichas, sino porque ante la fuerza de los acontecimientos tienen que darles cabida a las que muestran a un régimen de putrefacciones. Como decía un viejo pensador: las sociedades, a diferencia de los hombres, primero se pudren y después se mueren.

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