Por: Juan Carlos Gómez

Muebles Caquetá vs. Google

Mala noticia la reciente sentencia de la Corte Constitucional sobre la libertad de contenidos en internet, a propósito de la tutela que interpuso un ciudadano –propietario de Muebles Caquetá contra Google– (T-063A).

¿Vulnera Google los derechos fundamentales cuando se niega a retirar de internet un blog anónimo de su herramienta digital www.blogger.com con contenido que le imputa a una persona la comisión de un delito?

La Corte en dicha sentencia decidió que sí y en consecuencia tomó varias determinaciones preocupantes como precedente constitucional; por ejemplo, eliminar contenidos sin orden judicial previa. Es cierto, como lo afirma la Corte, que “las redes sociales no pueden garantizar un lugar para la difamación, el denuesto, la grosería, la falta de decoro y la descalificación” y que a diario se presentan casos bien graves de violación de derechos fundamentales como la intimidad, la honra, el derecho a la imagen y el buen nombre.

Sin embargo, el amparo constitucional en un caso particular no se puede convertir en una cruzada proteccionista que arrase la libertad de expresión en internet. La sentencia en cuestión imparte órdenes en contra de la Constitución Política, de tratados internacionales y de la propia doctrina constitucional.

Los afectados con la sentencia, apoyados por otras personas, solicitaron su nulidad. Ojalá prosperara esa solicitud. Si es que fueran necesarios nuevos desarrollos normativos frente al reto que significan las plataformas tecnológicas, un asunto tan delicado como la libertad de información en internet no puede decidirse a la ligera y sin una amplia y seria discusión pública.

En Estados Unidos, desde la pasada campaña presidencial, la responsabilidad de Google, Facebook y Twitter frente a la información que despliegan sus usuarios está siendo discutida en medio de un acalorado debate político, lo cual implica el riesgo de que se resuelva mal.

Por lo pronto, como bien se recomienda en reciente estudio de NYU/Stern, las plataformas on line, más allá de su discurso de que son simples contenedores, deben reconocer que tienen mucho por hacer, como no dejar en manos de robots y algoritmos los contenidos indeseables. De esta manera podrá enfrentarse mejor la oleada de censura que amenaza a internet a nivel global.

 

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