Por: Iván Mejía Álvarez

Muertos de miedo

El Boyacá Chico, que viajó a Santiago y fue goleado por la U. de Chile, es una radiografía exacta del fútbol colombiano en los actuales momentos.

Su técnico, Alberto Gamero, envió un equivocado mensaje a todo el plantel, cuando decidió llevar un sólo delantero en la nómina. Desde allí, desde ese preciso instante, Gamerito decretó el miedo irracional a plantear un partido de poder a poder, de tú a tú, y la equivocada elección de una táctica ultradefensiva como fórmula para intentar apostarle a un resultado favorable. El mensaje fue equivocado y en el terreno el cuadro tunjano se vio atado, constreñido, paralizado por el miedo, jamás atacó y no se supo defender. Víctima de sus errores estructurales, técnicos y mentales, terminó arrollado por un equipo que paró la máquina, sacó el pie del acelerador cuando la cuenta ya le era favorable por dos goles. Gracias a Dios los chilenos fueron conformistas porque esto pudo ser caótico.

Gamero no había hecho algo diferente a lo que hace el 99% de los técnicos en Colombia, creer que defendiéndose a ultranza, amontonando una gran cantidad de jugadores en misiones defensivas, olvidándose de la transición para pasar de defensa a ataque, están cumpliendo con el legado de ser “tácticos”.

Hernán Darío Gómez, el más representativo de los técnicos colombianos por todo su historial, es un ejemplo claro de la mentalidad de los adiestradores cuando afirma, sin sonrojarse, que “está pasado de moda el técnico que ataca con dos y tres delanteros”.

Es una lástima que Gómez tenga el libreto atrasado y no vea la televisión mundial, porque en los partidos de Champions y en los juegos de selecciones verá que está absolutamente confundido y desinformado. Barcelona, el mejor equipo del mundo en los actuales momentos, juega con tres grandes delanteros, Chelsea con dos, Arsenal con dos, Manchester United con tres, la selección española, con dos puntas.

En cambio, Santa Fe, al que algunos califican como la “maravilla táctica” del país, juega con un solo delantero y un mediocampista a cuarenta metros de ese atacante. Deja en el banco a cuatro potenciales delanteros para meter más volantes. Gómez y Santa Fe pueden tener la idea del desdoblamiento, de la transición, pero no la ejecutan, es un equipo timorato, muerto de miedo, sin convicciones ofensivas, cuando juega de visitante. Confunden tenencia de pelota con futbolito lateral e intrascendente, carecen de descarga y de profundidad.

Gamero y Gómez, Chicó y Santa Fe, son el fiel reflejo de un fútbol cobarde y miedoso, de una mentalidad que desprecia la posibilidad de arriesgar y por eso cuando se montan en un bus o en un avión cambian el libreto y se ponen la piel de víctimas.

Y como Gómez y Gamero son el 99% de los técnicos colombianos. Es  hora de un cambio de mentalidad y de nombres, es la hora de traer nuevos estrategas con ideas diferentes, con visiones diferentes, técnicos que no dejen a los delanteros en la casa y que entiendan que el fútbol es de dos fases y no de una sola, la de defenderse a toda hora.

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