Por: Isabel Segovia

Mujer sí, pero no así

Al parecer a los funcionarios de este gobierno les pagan por las sandeces que dicen. Todos, desde el presidente, los ministros, embajadores y otros empleados parecen estar en competencia semana a semana por cuál dice o hace la tontería más grande. Una de las funcionarias que participa en el torneo desde el inicio de esta administración es la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, y esta semana la sacó del estadio.

Su problema radica en que no ha aprendido de su gran jefe, Uribe, que lo mejor es nunca decir lo que opina; cuando le hacen preguntas incómodas, él contesta otra cosa. El ejemplo de esta semana es perfecto: le preguntaron sobre la cancelación de las visas por parte de Estados Unidos a varios magistrados y respondió sobre el teleférico. Entretanto, Marta Lucía no se logra contener. Toca darle crédito por su transparencia, pero su visión sobre temas de suma importancia para el país es preocupante. Algunos de sus desaciertos son fútiles. Decirle presidente Uribe a Duque es simplemente realista y una equivocación que han cometido varios de sus colegas; sugerir que niños entre ocho y diez años la felicitan y le agradecen por la buena administración del gobierno es poco probable; y haber anunciado la muerte del presidente Betancur antes de que sucediera fue vergonzoso.

Esos episodios son bochornosos, pero los de esta semana, mucho más trascendentes. Sus equívocos comenzaron con la defensa al uso del glifosato, comparándolo con el daño que haría a los seres humanos tomar 500 vasos de agua al día. Además de desatar burlas y cuestionamientos a su capacidad técnica, evidenció que el gobierno hará hasta lo imposible por justificar el uso de ese nocivo químico. Se refirió a Trump como “mi presidente”, demostrando así el sometimiento de esta administración al gobierno de los Estados Unidos y salió en defensa de Ordóñez después de que este hiciera, en una intervención oficial representando al país, un comentario absolutamente xenófobo contra los migrantes venezolanos. Irónicamente, ella, una de las más grandes opositoras al régimen de Maduro, prefiere defender a Ordóñez antes que fijar una posición seria sobre la migración. Y, para rematar, afirmó que respetaba la decisión de Estados Unidos de retirarles las visas a nuestros magistrados. Es decir, respeta que irrespeten nuestro sistema judicial y que se ponga en entredicho nuestra soberanía. Todo país está en su derecho de cancelar o de no otorgar visas a personas que no considera santas, pero algo muy distinto es utilizar las visas para presionar a los funcionarios y, en este caso, en particular, para influir en nuestras decisiones judiciales.

Muchas actuaciones y personas de este gobierno decepcionan. Sin embargo, que la mujer que ha ocupado el cargo más alto en la historia del país y que supuestamente era la técnica y con experiencia del nuevo gobierno sea quien lidere esta competencia es verdaderamente lamentable. Ha sido grande la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad en un país tan machista como Colombia y terminamos eligiendo a una que defiende el statu quo. Sin querer demeritar sus cualidades, hubiera sido preferible que quien defienda a personajes machistas, racistas y extremistas como Ordóñez y ponga en entredicho la soberanía nacional no fuera la primera mujer en alcanzar un cargo de ese nivel.

 

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