Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Mujeres con pelotas (¿o es pelotudas?)

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN nacionales se refieren a Alba Luz Flórez como "Mata Hari".

Margaretha Geertruida Zelle, conocida como Mata Hari, fue una bailarina exótica condenada a muerte por presunto espionaje en 1917. A diferencia de la leyenda europea, Alba Luz sí es una espía consumada e instruida. Y al igual que la bella cucuteña, toda una generación de mujeres colombianas se dedican hoy día a documentar las vidas de otros.

Hace algunos años la aguerrida Batichica y su asesora Magally infiltraron la Fiscalía de Norte de Santander y con claridad meridiana alertaron al bloque Catatumbo de las Auc sobre operativos en su contra. Es más, entregaron listas de sindicalistas que a la postre fueron masacrados.

Este personal de “inteligencia” es relativamente nuevo. Durante la primera mitad del siglo XX intelectuales y políticos espiaron a colegas o amigos con el fin de colaborar con el gobierno de turno. Con la creación, en 1953, del Servicio de Inteligencia Nacional SIC, las labores de espionaje fueron tomando un tinte profesional, se tornaron más rentables e inició, entonces, la proliferación de academias de “detectivismo”.

Así, no hace mucho que una camada de mujeres entrenadas, con nervios de acero y lealtades de arena, se puso al servicio del Estado colombiano. Pese a que representan algo de lo que muchos entienden por femineidad (son atractivas, coquetas, frágiles, vendedoras de “omnilife”), estas beldades son inquebrantables, experimentadas y calculadoras.

En los últimos episodios de espionaje, debiera ser claro para el país que todas —Janeth la de los tintos, Alba Luz la funcionaria y Batichica la fiscal— sabían lo que estaban haciendo. No se trata de mujeres desvalidas, indefensas o ingenuas, manipuladas por un gran “hombre fuerte”. Conocían las implicaciones de sus actos y estaban al corriente de que sus víctimas no eran precisamente guerrilleros vestidos de civil.

En síntesis, un submundo de historias, muy típicas de la Colombia contemporánea, que probablemente veremos algún día en la televisión. Porque de Rosario Tijeras no transitaremos, como algunos lo suponen, a Azúcar y Café.

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