Por: Gonzalo Silva Rivas

Multidestino regional

El turismo representa hoy en día el 10% del PIB mundial -incluyendo sus efectos directos e indirectos-, el 5% de las inversiones y cerca del 6% de las exportaciones globales. Las jugosas cifras evidencian el enorme potencial de la industria y su importancia como motor de desarrollo económico.

En 2012 el sector creó cinco millones de nuevos empleos de los 260 millones que aporta en el mundo; generó inversiones por USD765 mil millones y dejó divisas superiores a USD1.2 billones, recogidas solo de turistas extranjeros. De ellas, Europa se benefició con USD457 mil millones y América recibió más de USD215 mil millones.    

Es palpable que si durante la presente y sensible crisis mundial -que aún respira sobre la nuca de numerosos países- no hubiera intervenido la mano providencial del turismo, no obstante el revés que sorteó especialmente en Europa, muchos habrían colapsado y provocado devastadores consecuencia en el escenario global

Por eso, la pretensión de la Unión Europea, de eliminar o al menos flexibilizar la concesión de visas, responde a la obligada apuesta de captar divisas y oxigenar su economía, atrayendo un valioso mercado emergente de gran potencial. Estrategia concordante con el flujo migratorio que experimenta el cambio de un incremento de emigrantes europeos hacia América y el retorno de latinos a sus países de origen.

Por eso, las naciones iberoamericanas parecen tentadas a seguir los pasos de la UE y hacer de la libre movilidad dentro de la región un derecho común, que represente dividendos económicos para catapultar sectores clave como el empleo. República Dominicana acaba de colocar sobre la mesa la propuesta de una visa única que rompa la barrera de autorizaciones que deben solicitarse para entrar a los distintos países del área, en cumplimiento de complejos trámites que desestimulan el turismo regional.   

Los iberoamericanos gozarían de las facilidades que disfrutan entre sí los europeos; se ampliaría y fortalecería la red de conectividad aérea y todos los países miembros se convertirían en oferta complementaria. La exigencia de complicados procedimientos, como los que hace pocos años impuso México en la entrega de visados, fue un golpe al turismo, lo restringió y afectó seriamente el transporte aéreo.

Y aunque más parece una colcha de retazos, la tarea comienza a hacerse en menor escala y de manera gradual. La Alianza Pacífico acordó una visa común para sus cuatro miembros; la Comunidad Andina estudia la aplicación de otra para los suyos; Jamaica la retiró para colombianos, panameños y venezolanos, y Costa Rica y México se mueven por la misma orilla. Las facilidades de acceso para los turistas tienden a diversificar mercados y la región suspira por ser un atractivo y poderoso multidestino. 

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