Por: Columnista invitado

Multilateralismo subterráneo

Los grandes escándalos en el sistema internacional responden a coyunturas que comprometen a las potencias.

Las alarmas pueden pasar de amarillo a rojo cuando públicamente se indignan y en privado estrechan las manos. Todo parece indicar que el primero de los catorce puntos de Wilson (la abolición de la diplomacia secreta) sólo ha quedado en documentos académicos y grandes discursos políticos.

El escándalo del espionaje de Estados Unidos a personajes e instituciones en América y Europa hoy es muestra de que las actividades de inteligencia están también en el plano del multilateralismo, un multilateralismo subterráneo, algo que analistas han advertido con gran precaución y enorme prevención. Si algo ha quedado en evidencia, fuera de las interceptaciones a líderes mundiales, es que en asuntos de inteligencia la cooperación es un instrumento vital para los proyectos estratégicos en información y cuestiones de seguridad.

Una especie de multilateralismo subterráneo ha quedado en evidencia en los últimos meses. La sinergia, el intercambio de información, la cooperación entre agencias de inteligencia, amenazas comunes y compartidas, son los elementos del multilateralismo. Sin embargo, los reclamos de los líderes no han sido ajenos a las actividades de Estados Unidos en la materia.

Uno de los indignados es Francia. Según fuentes galas, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos analizó aproximadamente 70 millones de registros de teléfonos franceses en un mes. Pero Francia es uno de los aliados estratégicos de ese país en Europa, situación que deja anonadada a la prensa y opinión pública internacional.

No obstante, la Direction Générale de la Sécurité Extérieure (DGSE) de Francia es la que más ha colaborado con el suministro de datos e información, hasta el punto de actuar bajo un programa llamado Lustre, por una razón pragmática: Francia tiene una importancia geopolítica relevante porque en materia de transporte de datos electrónicos posee infraestructura submarina que transporta la totalidad de los datos procedentes de África y en muchas ocasiones de Asia Central. Ese andamiaje desemboca en Marsella (segunda ciudad más poblada de Francia) y en Penmarc’h (límite meridional de la bahía de Audierne y el límite norte del golfo de Vizcaya), dos estratégicos puertos controlados por la DGSE que almacena el flujo de información entre el exterior y el interior.

En ese sentido, no es aterrador que bajo los principios del multilateralismo la DGSE comparta la información con la NSA y la relación se vea dinamizada con la información suministrada a Francia de las zonas en las que el país galo está ausente. Todo indica que Francia, como algunos otros estados, es la cabeza de puente estratégica de Estados Unidos en Europa, con la cual puede tener un gran margen de maniobra y control de la información de los vecinos. La gran pregunta es: ¿hasta qué punto el ciudadano otorga un poco de su libertad con tal de sentirse seguro?

 

 

César Augusto Niño González *

 Asesor en asuntos de seguridad y defensa. Profesor de relaciones internacionales

 

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