Por: Santiago Villa

Multipartidismo de contrabando

El multipartidismo colombiano tiene algunos elementos de contrabando. Dos de sus grandes partidos son ideológicamente redundantes con otros, y dependen de figuras cuya ambición política y vanidad son demasiado amplias para plegarse a las limitaciones de la estructura partidaria tradicional, con estatutos, directorios, consultas internas y demás.

Cambio Radical y el Centro Democrático están subordinados a Germán Vargas Lleras y Álvaro Uribe Vélez, respectivamente. En consecuencia, las posturas de estos partidos cambian al tiempo que mutan las opiniones de sus pontífices.

Hubo una decisión del Consejo Nacional Electoral que protegió la hipocresía política: se le prohibió al Centro Democrático usar la imagen de Uribe en su logo porque suponía fomentar el caudillismo en la política partidaria. Es decir, se permite la existencia de partidos caudillistas siempre y cuando no parezcan ser partidos caudillistas (como los productos de contrabando falsificados: zapatillas que tienen el símbolo de Nike, el diseño de Nike, pero no dicen Nike).

¿No sería preferible que los partidos exhiban el logo de los caudillos que determinan su rumbo? Que Cambio Radical tenga en su logo a Vargas Lleras y que el Centro Democrático a Uribe.

¿Y cuál sería el caudillo de la U? Vamos a ver. Este pecado original de los partidos caudillistas, que tiene el nombre de la U porque representa el apellido Uribe, debió haber cambiado de nombre cuando cambio el presidente, y hacerse llamar el Partido de la S.

El Partido de la U o de la S es un colectivo de oportunistas que subsiste del clientelismo y del poder que emana del Ejecutivo. Ahora está desorientado porque el presidente está en retirada, huérfano de fuentes de empleos y contratos. Necesita un candidato sólido que renueve el caudal de su clientelismo y que le diga a la bancada qué pensar, qué votar, qué repetir ante las cámaras y en las tribunas de los pueblos (¿será Armando Benedetti?, ¿será Roy Barreras?, ¿acaso importa?).

Lo más probable, sin embargo, es que el Partido de la U, de la S, de la B, sea cual sea su débil candidato —si es que comete el error de lanzarlo—, al final se someta al presidente de turno, que seguramente será Vargas Lleras, y se vuelva una especie de Cambio Radical al cuadrado o en miniatura. Hará lo que diga Vargas Lleras durante sus ocho años de presidencia.

Es historia patria: el bipartidismo colombiano se quebró con los fiascos consecutivos del proceso 8.000 y el proceso del Caguán. Germán Vargas Lleras y Juan Manuel Santos saltaron a tiempo para armar sus propios botes, y astutamente han navegado las olas del uribismo hasta las playas de la Presidencia de la República. Los dos, a la larga, le deberán su presidencia al caudillo de caudillos.

El Partido Liberal está comenzando a asomar su cabeza y el Partido Conservador aún no logra cristalizarse en algo más grande que su competencia imbatible: el caudillo de caudillos. Marta Lucía Ramírez habría podido revivir al Partido Conservador, pero esa posibilidad quedó frustrada, para bien o para mal. 

El Partido Conservador y el Partido Liberal podrían bien acoger a los partidos caudillistas, pero la vanidad de sus líderes es demasiado grande para caber, como se dijo, en las reglas propias de una auténtica estructura partidista. Así que buena parte del Congreso terminó compuesto por una colección de marionetas y caraduras, que repiten como loras mojadas lo que diga su jefe, así un día piense una cosa y mañana otra, y las decisiones se toman en reuniones de toma y dame, a puerta cerrada. Nada nuevo, al fin y al cabo. Valiente manera de construir la patria.

Twitter: @santiagovillach

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