Por: Luis I. Sandoval M.

Multitudes con la paz

Ahora no hay duda.

Las oleadas humanas, desbordantes de alegría y esperanza, que colmaron las calles el 9 de abril, que llenaron cuando menos cinco veces la Plaza de Bolívar de Bogotá, muchísimos jóvenes, muchos y muchas campesinos, indígenas y afros venidos de todos los rincones del país, fueron una expresión clara, amplia y contundente a favor del actual proceso de paz del Gobierno Santos con las Farc-Ep y por la pronta vinculación del ELN. Entre las características del apoyo a la paz pueden destacarse:

Opción consciente por la paz. El país viene siendo invitado a desconocer el actual esfuerzo de paz de gobierno e insurgentes por llegar a un acuerdo. Se argumenta la seguridad, la moral de la fuerza pública, la impunidad de los terroristas y el acceso a la política de los criminales. La ciudadanía ha sopesado los argumentos y ha encontrado que el proceso es válido. Encuestas y marchas lo corroboran. No estamos ante un respaldo ingenuo sino ante un respaldo consciente forjado en la más amplia controversia pública.

Apoyo decidido de Bogotá. La Capital, su administración y su ciudadanía, están emergiendo como los principales aliados del proceso. Además del amplio apoyo a la marcha, la ciudad se muestra durante el mes de abril como epicentro del compromiso ciudadano, institucional e internacional con la paz. Cumbre de Autoridades Locales, reunión del Foro de Sao Paulo que expresa el sentir de decenas de partidos de izquierda y progresistas de América Latina, Congreso Nacional para la Paz que facilitará el ingreso del ELN a los diálogos, Foro sobre Participación Política acordado por las partes en La Habana. Bogotá liga la causa de su propia defensa a la defensa del proceso de paz.

Apoyo a la paz con cambio. Todos los sectores que apoyan el proceso entienden que la paz deberá traer cambios. Cambios para el avance de las locomotoras como las concibe el gobierno, cambios para la justicia social al menos frente al atraso e inequidad en el campo, cambios hacia el florecimiento de la política como posibilidad sin riesgo para la vida de nadie, cambios para la cultura de la convivencia a partir de auténticos ejercicios de reconciliación y perdón. En las palabras del Presidente, en las de Gustavo Petro y en la Segunda Oración por la Paz compuesta por el escritor William Ospina están consignadas las distintas concepciones del cambio que están en juego.

Apoyo que retoma una tarea inconclusa. Es sorprendente que a nombre de Gaitán, en la fecha de su trágica desaparición, recogiendo el clamor por la paz que él expresó en la Primera Oración por la Paz, se esté retomando el ascenso político popular hacia el gobierno. Sin duda la marcha del 9 de abril es un paso en la constitución de un nuevo sujeto político plural con vocación de poder y de gobierno. Después de la impresionante Marcha del Silencio el 7 de febrero de 1948, en su casa, departiendo con los más cercanos, el propio Gaitán decía: “A esta masa hay que volverla pueblo desde el poder” (L.E.Valencia). Iniciativa estatal e iniciativa ciudadana tienen que encontrarse para producir una nueva realidad política a raíz de la paz.

Apoyo con proyección de futuro. La marcha del 9 mostró un gran aliento de futuro. Rostros, gritos y pancartas en polifonía asombrosa y magnífica expresaban que vuelve a haber esperanza en un país mejor, con dignidad y sin violencia. El futuro es un gobierno de mayorías con total respeto de las minorías. Primero un gobierno de transición y luego gobiernos sucesivos de consolidación de la paz.

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