Mundo coronado: decretemos una tregua planetaria

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Por: Jairo Agudelo Taborda, profesor de la Universidad del Norte

La Organización Mundial de la Salud declaró que el Corona Virus (Covid-19) es ya una pandemia, o sea, un virus global. Los países más afectados hasta ahora son China, Italia, Irán y Corea del Sur. Pero hay 120 países del mundo en los que ya se presentan casos, entre ellos Colombia.

En respuesta a este fenómeno, el gobierno italiano adoptó una decisión radical. Primero aisló en cuarentena las regiones de mayor contagio como Lombardía y luego extendió esta medida a todo el país: los 60 millones de italianos deben permanecer en casa, trabajar en casa, estudiar en casa y salir solo por motivos de trabajo, compra de alimentos o de salud.

El mundo entero debería seguir el ejemplo italiano. Es claro que así se reduce la economía y caen las bolsas de la finanza global. Pero esto no es un mal. Sería hora de que el mundo del fast se detuviera o, por lo menos, desacelerara. Cae la economía global, pero sube la ecología mundial: menos PIB, más oxígeno.

Porque el verdadero virus mundial es el PIB. El mundo corre desenfrenadamente en búsqueda del aumento del PIB. Cada día, cada mes, cada año hay que aumentarlo. Pero cada décimo de PIB significa más gas carbónico; más carros en circulación, más aviones volando y contaminando, más consumo y más desechos de plástico. Un mundo de basura. En realidad, los siete mil millones y medio de ciudadanos del mundo estamos contagiados de Pibisitis crónica. Es muy probable que esta pandemia sea uno de los tantos efectos del cambio climático. Pero el cambio climático, lo sabemos, es un efecto del aceleramiento global, del estilo de vida. De la carrera rápida y furiosa hacia más riqueza (más PIB). Una carrera fast. Carrera que se volvió nefasta para la humanidad y para la naturaleza.

El planeta está lanzando un grito de ayuda: por favor, denme una tregua. Quiero respirar. Un filósofo había dicho ya: por favor detengan el mundo que me quiero bajar de él. Ya habíamos dicho también en un artículo anterior que la Amazonía clamaba ayuda. Hoy el planeta entero pide ayuda. Hagamos como Italia. Démosle un mes de tregua al mundo. Dejémoslo respirar. Desaceleremos todo. Hay una corriente de pensadores de todas las disciplinas que desde hace años propone slow life. La vida lenta. A ritmo humano. La música y el idioma italiano nos enseñan: andamento lento, adagio, allegro ma non troppo.

Es que nos dejamos imponer el estilo de vida rápido y furioso hasta en la comida del fastfood.

Los italianos están cumpliendo las medidas restrictivas con grande responsabilidad ciudadana. Se quedan en casa y están recuperando el valor del propio hogar, de la familia, del descanso, de la verdadera economía. Si es verdad que somos inteligentes, tenemos que aprender de esta coyuntura y descubrir la verdadera globalización: la mundialización de los valores comunes sin perder las identidades.

La historia y la psicología nos enseñan que no hay nada que integre y cohesione más a la especie humana que una amenaza común. Que los humanos nos unimos más por temor que por amor, parece ser una triste realidad. Nos toca reconocerlo y asumir que hay una amenaza mundial y por tanto la respuesta debe ser planetaria.

Naturalmente, los países más afectados deben asumir medidas radicales como Italia. Pero países como Colombia, con pocos casos, no deben esperar que el fenómeno se agrave. Hay que tomar medidas preventivas severas como acaba de hacer El Salvador (sin un caso aún) y la alcaldesa de Bogotá. En Europa no se puede dejar solos a Italia, Francia y España que son los países más afectados de la región. Debe haber una respuesta de la Unión Europea. Debe haber una respuesta de la ONU.

Por favor, desaceleremos el planeta. El mundo ya tiene la riqueza suficiente para los siete mil millones y medio de habitantes. La torta ya existe. Hay que distribuirla.

Démosle un mes de vacaciones al planeta. Decretemos una tregua planetaria. Por el bien de todos y de cada uno de nosotros. Mientras tanto, cumplamos con las normas preventivas que las distintas autoridades decretan: lavar manos bien y frecuentemente, mantener distancias, evitar hacinamientos, cancelar eventos masivos incluso en las Universidades, etc… Porque todo empieza por casa.

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