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hace 1 día
Por: Marcos Peckel

Mundo sin tendencia

El mundo actual gravita entre el nacionalismo, la democracia, el libre comercio, la paz y la guerra. La confluencia de esas fuerzas podría traer equilibrio o un cataclismo.

Mas allá de los hechos puntuales que marcaron la agenda global del año que fenece, subsisten variadas y contradictorias tendencias sociales y políticas en el planeta que auguran mayores turbulencias e incertidumbre. Paradójicamente, las regiones con mayor estabilidad aparente podrían encontrarse en el tercer mundo, mientras que en el primer mundo se cuestiona el orden mundial que construyeron sus países. Nacionalismo, democracia, gobernanza, libre comercio, paz y guerra, disciplina fiscal y monetaria aparecen en un menú, y cada sociedad lo entiende y selecciona a su buen saber y entender.

El auge del nacionalismo no es un fenómeno universal; sin embargo, está sacudiendo los cimientos de sociedades maduras en las que el concepto de “nación” y “nacionalidad” están siendo entendidos desde una estrecha homogeneidad que está conduciendo a la exclusión de “otros”, fomentando el temor y la xenofobia, el racismo y la discriminación religiosa y étnica. India, la mayor democracia del mundo, está restringiendo el concepto de nación a los hindúes, generando descontento y protestas masivas en la población musulmana, el 12 % del total. De igual manera, países de Europa oriental como Hungría, Eslovaquia y Polonia definen su nación como blanca y cristiana. En los países de Escandinavia han surgido con fuerza movimientos y partidos que no incluyen a los emigrantes, especialmente musulmanes y africanos, como parte de la “nación”. España, Alemania e Italia, con su pasado fascista, no son ajenos a este fenómeno de “nacionalismo maluco”. Japón ha sido, por décadas, reacio a recibir emigrantes del tercer mundo, quizá como mecanismo de protección de la “pureza de la nación”.

Este fenómeno del nacionalismo exacerbado es menos intenso en sociedades donde la nación está en proceso de formación, como América Latina y África, continentes donde primero se establecieron los Estados y luego, dentro de ellos, hubo la necesidad de construir la “nación” integrando diversos grupos y razas, proceso que aún continúa. En el caso de América Latina, las naciones aborígenes labran su lugar en la “gran nación” construida por los descendientes criollos de los conquistadores.

De igual manera, son divergentes los desarrollos globales respecto a la democracia. En algunos países se está consolidando el modelo autoritario, mientras que en otros las calles se están convirtiendo en el tinglado donde la democracia está siendo defendida a capa y espada por los pueblos, como debería ser. Hong Kong, Líbano, Irak y Bolivia son ejemplos de las masas luchando por la democracia, mientras que en Turquía, Venezuela, Filipinas, Nicaragua y Hungría se afianzan los hombres fuertes, por ahora.

El reciente fracaso de la cumbre climática en Madrid es muestra fehaciente de la falta de consensos básicos, inexistentes igualmente en modelos de gobernanza global, concepto de soberanía, estándares tecnológicos, no proliferación, amenazas globales, crimen organizado y el rol de las instituciones internacionales. El mundo parece estar gravitando en una especie de entropía global que podría encontrar un equilibrio o ir hacia un cataclismo.

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2019-12-17T21:00:00-05:00

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