Por: Marcos Peckel

Múnich 1972

Millones de televidentes alrededor del mundo habían visto al nadador estadounidense judío Mark Spitz ganar su séptima medalla de oro, rompiendo el récord que en 1936, en las mismas tierras, había impuesto su compatriota Jesse Owens ante los furiosos ojos del Führer, ganando cuatro preseas doradas en atletismo.

Ese 5 de septiembre de 1972, no se imaginaba Spitz que, pocas horas después de su gran hazaña, sería sacado de Múnich en un Mercedes-Benz negro, acostado en las sillas de atrás. Un comando terrorista palestino había penetrado en la Villa Olímpica, irrumpido en los dormitorios de la delegación de Israel, asesinado a dos deportistas y tomado como rehenes a otros nueve.

El desenlace es conocido: once atletas israelíes asesinados por los terroristas. Aquel terrorista enmascarado asomándose por el balcón del apartamento de los atletas judíos, quedaría para la posteridad como la imborrable imagen de las Olimpiadas de Múnich, más que Spitz, la gimnasta rusa Olga Korbut o la final de baloncesto masculino entre EE.UU. y la Unión Soviética.

Desde ese día, el terrorismo comenzó a hacer parte de la cotidianidad universal y los Olímpicos se convertirían en fortalezas. Para la nueva Alemania la imagen de 11 deportista judíos cobardemente asesinados, 30 años después del Holocausto, no podía ser más devastadora. El comando terrorista de la organización Septiembre Negro si bien logró que el mundo conociera el problema palestino, también generó en sectores amplios de la opinión pública mundial la imagen del terrorista como sinónimo de la causa palestina. Lo que los terroristas buscaban no lo consiguieron y nunca lo han conseguido, pero el terrorismo sigue. Sólo hace unos días en Bulgaria turistas israelíes fueron asesinados.

La causa palestina sufrió un grave retroceso con Múnich y en la medida que las organizaciones palestinas privilegiaban la lucha armada y el terrorismo indiscriminado, su causa se conocía más pero lograba menos. Cuando la OLP y Fatah finalmente renunciaron al terrorismo y a la lucha armada, estos fueron retomados por Hamás y sus hombres bomba, con las mismas consecuencias negativas para la causa.

En dos días comienzan los Juegos Olímpicos en Londres. Como es tradicional, la entrada de la delegación de Israel en la ceremonia inaugural es un momento especial que evoca aquellos aciagos recuerdos. Especial es también el desfile de la delegación de Palestina como lo ha hecho desde Atlanta 1996. Israel y Palestina, juntos en los Olímpicos, una esperanza para la paz y la reconciliación.

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