Murió la tesis del mar

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Episodios intensos, vividos al acercarse el final del 2012, quedan sepultados en el silencio de la muerte, cuando desaparece el internacionalista Enrique Gaviria Liévano. Se fueron con él las últimas esperanzas —teóricas— de rescate de los derechos colombianos en los lindes marinos de San Andrés y Providencia, perdidos por decisión de La Haya durante el gobierno de Juan Manuel Santos.

Produjo este fallo gran dolor de patria, intensa nostalgia parecida a la hondura de los versos del olvidado poeta Gil Sánchez, quien transportó el símil de su vida atormentada a la de “un grumete que pereció en el mar”.

Todo en nuestro medio vive un día de actualidad periodística y luego duerme el sueño de los justos. Fue así como miles de millas marinas se perdieron, amparadas como estaban por el sólido tratado Esguerra-Bárcenas (1928), sumado a la falta de tener un embajador permanente en la sede del tribunal, como sí lo tuvo Nicaragua, por años, en su embajador Argüello, lo que ocasionó probablemente que las decisiones se inclinaran a favor del país que mayor atención le había puesto al tema, dado que toda magistratura es humana; en fin, entre nosotros el asunto se opacó, se olvidó y quién sabe si pasará a la historia de nuestra diplomacia, hoy cuando el pasado se construye a voluntad y consenso.

Sin entrar a describir tema tan complejo, Gaviria Liévano sostenía la tesis en que nuestra diplomacia no insistió, consistente en que debía entenderse como archipiélago la totalidad de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y demás islotes, cayos y bancos tradicionalmente colombianos. En cuya condición los rodeaba un solo mar territorial, no fracturado, con su correspondiente plataforma, como unidad geográfica.

El fallo de La Haya reconoció los espacios colombianos de tierra firme, lo que dio un contentillo que se deshizo enseguida cuando añadió que a cada uno de los pequeños islotes y accidentes insulares apenas les pertenecía el área circundante de cada uno, quedando atrapados en el territorio vecino.

Aún veo las caras largas del gobierno Santos mientras daba la noticia al pueblo colombiano a través de la televisión y sonaba insistentemente el celular del representante Telésforo, uno de los asistentes al acto ceremonial.

Dos momentos tuvo el presidente Santos que marcaron un descalabro en su desempeño político: el que describo, con la consecuencia de la pérdida del mar, y la derrota plebiscitaria, que lo llevó no a presentarla al público, sino a encerrarse en su despacho, según relatos dramáticos de esa jornada.

El uno quedó ocultó por la complejidad del tema, porque era tal vez un mar demasiado lejano y por los reclamos aún pendientes (revisiones y aclaraciones), y el otro pudo volcarse en sentido contrario del resultado electoral, a la luz y paciencia de los opositores.

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