Por: Rafael Orduz

Muro mental: peor que PISA...

Hay quienes creen que las marchas del jueves 21 de noviembre en adelante son el resultado de una conspiración orquestada al detalle por el comunismo internacional. No dan un centavo por el descontento, por la ausencia de futuro para los jóvenes, el desempleo, algunos de los motivos de las marchas.

Más allá de la discusión sobre la validez de los argumentos, propios de la guerra fría, quienes defienden la teoría de la conspiración le confieren a regímenes como el venezolano, en quiebra por su pésima gestión interna y los altos niveles de corrupción, al tal foro de São Paulo, a Cuba, un guión maquiavélico que la gente, incluyendo convocantes y marchantes, a los de los cacerolazos, siguió fielmente.

Obedece la argumentación a una estructura mental caduca, que se suponía sepultada. Personas con las mejores oportunidades educativas hacen clic en Facebook y otras redes sociales divulgando videos y arengas que nos muestran la verdadera realidad: lo ocurrido es el resultado de un complot; pobre Colombia, víctima del comunismo. Y, claro, hay que actuar. Como debe ser, cuando hay comunismo. Y, un primer paso, obvio, es el del señalamiento.

Hace 30 años cayó el muro de Berlín y con él la cortina de hierro y, más tarde, la Unión Soviética. La historia de la lucha de ideologías no terminó, como anunciaba Fukuyama que, como muchos, creyó que se impondría la democracia liberal, el respeto por las reglas de juego del sistema político como tal y, sobre todo, aprecio por la diversidad en términos raciales, religiosos, políticos, étnicos, de orientación sexual.

Nadie imaginó en los 90 que el fenómeno Trump fuera posible, que se volvería a las profanaciones de cementerios judíos en Francia, que jóvenes de extrema derecha alemanes revisaran la validez del Holocausto, que el Reino Unido votara el brexit, que la xenofobia fuera la base de las plataformas políticas de movimientos triunfantes en países de tradición liberal. No es anticomunismo (aunque guste Trump de señalar de socialistas a algunos de sus potenciales rivales demócratas), sino, principalmente, racismo, supremacismo blanco, repudio a los inmigrantes.

Sin embargo, Colombia está y no está en el molde de lo que ocurre. El argumento principal a favor de las doctrinas contra el terrorismo, que tanta gasolina le dio a Uribe, coincidente con la ola mundial desatada por el 9/11, que fue la existencia de las Farc, ya no tiene asidero. Las Farc no existen. Disidencias, Eln, narcos aprovechando la política antidrogas siguen aportando a la ilegalidad y la violencia, problema grueso por resolver.

La caída consistente de Uribe en sus índices de favorabilidad y, con él, la del gobierno de Duque, son síntomas de que el repertorio político del primero se agota. Los jóvenes, mayoría de la población, no tienen por qué heredar las broncas de los políticos que no quieren actualizarse, de derecha o izquierda.

Duque tiene una oportunidad de oro, la de abrir el espacio político, más allá de pretender mayorías en el Congreso, un escenario de enorme desprestigio ante la opinión pública. De meterle el acelerador al proceso de paz, de proteger la vida de los líderes sociales en las regiones, de aplicar las recomendaciones de la comisión de sabios para que seamos una sociedad del conocimiento. Ahora… o nunca.

894948

2019-12-10T00:00:20-05:00

column

2019-12-10T00:30:01-05:00

[email protected]

none

Muro mental: peor que PISA...

29

3452

3481

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rafael Orduz

La vida, la de todos, es sagrada

Ni vencido ni convencido: aniquilado

Acumular cartones: ¿para qué?