Por: Nicolás Rodríguez

Museo del futuro

Algo extraño ocurre con las fotos del bogotazo que ya no evocan frustración. Entre las que más se suelen reproducir prima la fiesta.

Mi favorita es de lejos una de Sady González en la que un grupo de entusiastas con botella en mano da cuenta de la intensidad, entre poética y patética, de la escena: posan ante la cámara con palos, puntillas, cuchillos y hasta espátula. En vez de Machetes se ha debido llamar Martillos. Que también los hay. Como se recordará, alguien dio la orden de asaltar las ferreterías…

Son fotos que han pasado de los libros de historia a los de arte. En el mejor de los casos circulan en museos, en donde un acontecimiento doloroso es reducido a espectáculo coleccionable (y de carta postal). Además, son fotos que hacen pensar en tragedias naturales. El bogotazo visto en fotos bien podría ser el resultado de una explosión como la que borró ocho manzanas en Cali el 7 de agosto de 1956, tras la explosión de siete camiones cargados con dinamita. Uno compara imágenes sin reparar en detalles y el panorama es parecido.

También para el 9 de abril quedó programado el lanzamiento del predio escogido para el Museo Nacional de la Memoria en Bogotá. El día es perfecto pero pone presión. La experiencia de las víctimas, como en el bogotazo, puede ser naturalizada con cualquier gesto curatorial de más. Tanto concurso fotográfico bien puede derrapar en un creativo libro para sala, divinamente ilustrado con fotos del conflicto en papel biodegradable. Si llegó la entrada de las víctimas al museo hay que aceptar que el asunto es resbaloso.

El conocimiento que tienen las víctimas de los hechos de violencia requiere un trato particular. En otras experiencias históricas de dolor se ha hablado de "un conocimiento difícil". La pregunta es cómo se cura (en el sentido de sanar pero también en el museográfico) un conocimiento envenenado. En tanto que institución, además, el museo no suele negociar su administración del pasado. Por el contario, muchas veces tiende a imponer historias con finales acabados. A archivarlas.

Por fortuna hasta la fecha toda la operación logística recae en una persona con una excelente trayectoria en el tema de las víctimas, el conflicto armado y la memoria histórica. En una entrevista Martha Nubia Abello explicó que ni siquiera es tan relevante la palabra Museo. Que de pronto se llamará Casa. O Centro. Y que habrá espacio para las interpretaciones. De hecho agregó que uno de los propósitos es lograr que en Bogotá se conozca mejor lo que ha significado la guerra en las regiones. El de la Memoria sería un Museo Nacional para sacar felizmente a la capital de su ignorancia. Para culturizarla.
 

 

 

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