Por: Hernán Peláez Restrepo

Muy fácil

Para un técnico como Vicente del Bosque resulta fácil salir campeón con esta selección española. Creo que su única preocupación es elegir a los once que van a jugar y punto.

Después se puede echar a dormir, como cuentan le pasaba a Vicente Feola con la selección brasileña en 1958. A dormir en pleno partido, porque mientras España tenga a Iniesta, Xavi y Silva, y esta vez a Fábregas, no hay temor alguno.

España goleó a Italia por apenas 4-0, porque bien pudieron ser cinco o seis, sobre todo en los últimos diez minutos con una resignación enorme de los italianos. España dispone de un mecanismo claro que se ve o copia del Barcelona, tener la pelota, hacerla circular, armar triangulaciones o pequeñas sociedades y saber jugar a un solo toque. Eso sí, evitando levantar la pelota lo menos posible. Por eso divirtieron y se divirtieron sus jugadores. Realmente no tuvo rival en la final. Fue tal la superioridad que a ratos parecía un entrenamiento con millones de teleespectadores. Ganó bien, porque sus futbolistas talentosos saben jugar en equipo y no escatiman energías para ir por más goles.

Pasando al campo de la casa, resultó lamentable la presencia de Itagüí, en El Campín, no porque haya perdido sino por esa extraña y preocupante tendencia a pegar, a cometer faltas de todo tipo, antes que jugar. Está bien que Samuel Vanegas esté quemando sus últimos cartuchos, el que siempre fue jugador honrado y honesto. Pero esta vez desde el fondo pareció estar enviando un mensaje a sus compañeros para que empezaran a dar, a mostrarse como los guapos de la película. Apenas les expulsaron dos, Correa y Chamorro, pero otros hicieron méritos para ver la roja. A Bedoya, por ejemplo, le dieron como a violín prestado, hasta un golpe digno de karateca le metieron en el cuello. Hubo zapato ‘ventíao’ y parecieron pasados de revoluciones, quería ganar sin jugar y pegar era su consigna. Muy extraño porque le había visto partidos en Itagüí, jugando con velocidad y armonía.

Hernán Torres, su entrenador, o está ‘ido’ del cuento y poco le importa lo que pase, porque su futuro inmediato está en Millonarios o fue patrocinador de este espectáculo que más pareció una lucha libre, que gracias a Dios no terminó en batalla campal.

Tolima demostró que las ausencias no son impedimento para nada. Serpa, el arquero, se fajó gran partido ante el Cali, aunque con tendencia a perder tiempo. Mientras estén Marrugo, Bolívar, Noguera y el paraguayo Ramírez, el asunto está solucionado. Cali, entre tanto, continúa sin encontrar los laterales capaces de apoyar a sus delanteros y todo termina en Domínguez, que establece un circuito con Andrés Pérez y Cuéllar.

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