Por: Columnista invitado

"Nací con el 2 en la espalda" (I)

“Afirmación de cuerpos vivificados por el balón. Fascinación de la pelota, elementales alegrías físicas, disfrute de la convicción del cuerpo que regala una esfera de cuero. Jugar es balón”, Francisco J. Uriz.

¿Cómo elegimos ser futbolistas? ¿Cómo definimos una posición en la cancha? Arquero, defensa, volante, goleador. “Los números no juegan”, pero sí juegan. No es lo mismo untarse la camiseta número 10, que bañarse con la número 333. Es una elección enigmática que no depende de los técnicos, ellos no estaban cuando comenzamos a jugar en el pantano, en la calle o en la grama. Hay un carácter en cada posición en la cancha, una filosofía, una idiosincrasia, una manera de habitar y de pensar el fútbol. Existen múltiples formas del fracaso. Ubicarse geográficamente en una cancha implica asumir responsabilidades distintas y emociones diferentes. No todos corren, no todos tocan el balón, no todos juegan el mismo tiempo, no todos tienen la misma musicalidad, tono, ritmo y color. El número 2 en la cancha tiene condiciones estéticas de reciedumbre calmática, es el filósofo, el orador, el locuaz en la cancha, el hablador, el diciente. El que funge de número 10 es silencioso, dice con sus maromas, con sus gambetas y con su espíritu de pintor: hace bocetos que otros culminan. El 9 daña redes. Le dieron una tarea compleja: marcar goles, “romper el celofán”. A otros les impusieron la marca como estampa (Luis Rodas es prueba fehaciente) y hacen pocos goles porque juegan muy lejos del arco contrario. “Hay jugadores que no le hacen un gol al arcoíris”, pero, ¿quién le ha hecho un gol al arcoíris? El 8 deviene imperceptible, pero cuando aparece es artista, es atrevido. El técnico juega con un onceno que mueve como fichas de ajedrez, pero no sabe que los jugadores son indisciplinados tácticamente porque les gusta más la técnica, el desorden, el azar: juegan parqués. La palabra líbero es sonora y plástica, y dice de las funciones de un zaguero, esa profesión que arrastra marcas y seres humanos. ¿Puntero, alero, zaguero? El fútbol, por eso, es mágico, es decir, impensado. Tácticas, estrategias, preparaciones, planeaciones y a la hora del partido todo es nuevo. Hay una edad en la que lo importante es jugar, estar, existir, conversar, aunque se pierda el partido. Antes me hacía “matar” para que me tatuaran el 9. Hoy soy feliz cuando me dan el 333. ¿Cómo elegimos ser futbolistas? ¿Cómo definimos una posición en la cancha? Veíamos los ídolos en televisión, salíamos a la calle para imitarlos e intercambiábamos las láminas con sus rostros. ¿Qué hado se nos mete en el carácter para “pelear” por el número? ¿Nos imponen la posición, como el peinado y el vestido, cuando estamos niños? Andrés Escobar siempre habitó el 2 y expresó: “Nací con el 2 en la espalda”. El fútbol es poética de los buenos encuentros humanos.

 

 

*Juan Carlos Rodas Montoya

 

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