Por: Aura Lucía Mera

Nada es tan inocente

PARECE, PARECE, LO PROFUNDIZAré en otra columna, que el cuento de las bases norteamericanas que dispararon como un cohete al Ubérrimo en gira muda y solitaria por Latinoamérica a dar explicaciones unilaterales no es tan inocente como aparentan vendérnoslo.

La prueba está en que a los colombianos nos han entregado solamente verdades a medias y a puchitos —la puntita no más que soy doncella— y que la cosa en cuestión es mucho más complicada de lo que parece, o más compleja, para utilizar tecnología lingüística de punta.

Parece, y como que es cierto, que lo que USA realmente desea establecer en Colombia, ya que Manta desapareció de su control, es un puente, óigase, puente entre Latinoamérica y África para poder tener control sobre ese continente lejano, abandonado y abusado. Desde Manta tenían el puente listo, pero el puente se quebró. Humpty Dumpty se les cayó de la tapia y se volvió añicos. Y África preocupa, preocupa mucho. También necesitan el puente colombiano para eventualmente contrarrestar el armamento y las bases que países del Lejano Oriente, ya no tan lejano, están instalando en Brasil, Ecuador y Venezuela.

Panorama aterrador. Latinoamérica, que jamás había entrado en una verdadera guerra, salvo las guerritas independentistas, que a la hora de la verdad no nos independizaron de nada, está sirviendo simplemente como carne de cañón, léase textualmente, para que las potencias mundiales inicien cuando les venga en gana la tercera guerra nuclear, o mundial, o como la quieran llamar. Serviremos una vez más de idiotas útiles. Sólo que en esta ocasión les entregaremos a nuestros hijos y nietos la herencia de la sangre, de la destrucción atómica, de la guerra química. Porque la verdadera guerra será por el agua. Y los linces mundiales ya pusieron su ojo avizor sobre este continente mestizo, idiotizado, polarizado entre izquierdas gritonas y populistas y derechas taimadas y sumisas.

La verdadera verdad es otra… Y nosotros, tan inocentes o tan idiotas, creyendo que es para acabar con el narcotráfico, creyendo que los gringos nos adoran y nos quieren proteger de los insultos de Chávez, creyendo que los soldaditos de USA podrán pasearse turísticamente, comprar artesanías y acompañarnos a las misas dominicales. Mamola, como diría Serpa el trémulo. Mamola otra vez. Los colombianos tenemos el derecho de saber toda la verdad y no servir una vez más de puente para que los que necesitan de las guerras para hacer negocios nos utilicen. Alerta. Nos va a coger el iceberg del Titanic, no precisamente bailando en primera clase con la orquesta de violines como telón de fondo hasta que las cuerdas son tragadas por las aguas heladas. Nos cogerá como el tsunami, con nuestra pobreza alborotada, nuestras desigualdades sociales ignoradas, nuestro comercio de pacotilla y nuestros egos inflados como pavos reales creyendo que nuestro graznar atrae y seduce.

Toda Colombia empecinada en sacar adelante un referendo tramposo, en mitificar la dictadura de saco y corbata y arrodillado ante los gringos. Una vez más. Ojalá no tengamos que cantar, ya arrasados, “el puente se ha quebrado… con qué lo curaremos… con cáscaras de huevo…”. Exigimos la verdad.

 

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