Por: Arlene B. Tickner

Nada parecido

El acuerdo de cooperación militar suscrito entre Brasil y Estados Unidos ha sido más noticia en Colombia que en cualquiera de estos dos países.

Las comparaciones que se han hecho entre el acuerdo firmado el año pasado por el gobierno Uribe, el rechazo enérgico que éste produjo en Suramérica, y el silencio regional ante una decisión “similar” por parte de Brasil son tan previsibles como inevitables.  La perplejidad que han producido aquí reacciones tan disímiles frente a lo que se supone “lo mismo” se ha traducido incluso en afirmaciones torpes, como la del Ministro de Comercio, quien dijo que ahora que Brasil va a cooperar con Estados Unidos en defensa lo más probable es que también se bloquee el comercio con ese país.

A pesar de lo que han sugerido algunos medios nacionales, el pacto con Brasil, más allá de su nombre genérico —“acuerdo de cooperación en defensa”— no se parece en casi nada al que firmó Colombia. Tiene tres diferencias fundamentales: no permite el acceso de soldados estadounidenses ni contratistas privados a bases militares en Brasil; no contempla la presencia de personal militar de los Estados Unidos en el país y no incluye una cláusula de inmunidad.  En su lugar, brinda un marco general amplio para la cooperación en múltiples temas, entre ellos intercambio de información, ejercicios militares, investigación y desarrollo, e intercambio de profesores y estudiantes, el cual no implicará muchos cambios reales.

Los acuerdos no son comparables tampoco por la simple razón de que Brasil no es Colombia. Primero, el Gobierno colombiano no le informó a nadie sobre las negociaciones que realizaba en secreto con Estados Unidos mientras que, según el de Brasil, éste hizo consultas previas con todos los países miembros de Unasur, exigiendo además que fuera incluida la cláusula de garantías contemplada por dicha entidad sobre el respeto a la soberanía, la no intervención y la inviolabilidad del territorio. 

Segundo, mientras que Colombia, aprovechando del cierre de la base de Manta en Ecuador, fue el gestor principal de su acuerdo con EE.UU. fue éste el que se lo pidió a Brasil. Se trata de un viejo anhelo estadounidense, que desde 1977 no ha tenido un convenio formal con la potencia regional.  La probable pérdida por parte de Boeing de un contrato millonario que planea celebrar el gobierno Lula —que prefiere comprar sus jets de combate a los franceses, quienes ofrecen transferir su tecnología— pone de presente los costos materiales de no tenerlo.

Tercero, con el acuerdo sobre las bases en Colombia se ha buscado preservar la presencia y apoyo militar estadounidense ante la reducción y reorientación de Plan Colombia, mientras que el objetivo brasileño es casi el opuesto: potenciar la industria de la defensa para aumentar la autonomía nacional, sobre todo frente a Estados Unidos, país con el cual las relaciones militares siempre se han visto con cautela.

En resumen, no hay nada parecido entre los dos acuerdos.  En el caso del brasileño se trata de un gesto con el cual Washington aspira reconquistar a Brasilia y lograr mayor distensión en la relación bilateral. Cortejo que, vale la pena recordarlo, nunca ha sido necesario con Bogotá.

198185

2010-04-14T00:03:01-05:00

column

2010-04-14T00:03:01-05:00

none

Nada parecido

13

3307

3320

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arlene B. Tickner

El  fantasma de la dictadura

Cortando el pasto

Sin igualdad no hay oasis

Protesta social y palabras

Trump desquiciado