Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Nadie es profeta en su tierra

Al presidente Santos le va bien por fuera del país, generalmente es muy reconocido por los gobiernos y la prensa internacional, pero en Colombia la historia es muy diferente.

Su viaje oficial por Francia ha sido un éxito. El nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo recibió con honores. Con él tuvo una reunión bilateral para tratar temas como el fin del conflicto, la inversión en Colombia, el cambio climático y la cultura. Macron ofreció una comida en el Elíseo, se refirió a él como el estratega de la paz y honró su valentía y determinación en la búsqueda de la paz.

Santos habló en el Festival de Publicidad en Cannes, recibió un honoris causa en la Sorbona como reconocimiento a su labor por la paz, terminó su visita con la inauguración de las temporadas cruzadas del año Colombia-Francia 2017, en la que inauguró la plaza Gabriel García Márquez junto con la alcaldesa de París, y asistió a un concierto de una orquesta binacional de niños, nuevamente con el presidente francés.

Se reunió con empresarios franceses con intereses en Colombia y la prensa francesa recogió sus palabras y tituló: “Colombia en paz quiere atraer a los inversores franceses”.

En general, en el exterior el presidente es reconocido como el premio Nobel de la Paz, como el presidente que ha terminado la tarea que empezaron otros, que consolidó la paz y que ahora busca la inversión para el desarrollo económico y social de nuestro país.

Santos viajó a Europa después del atentado en el Centro Andino, por el que recibió muchas críticas, especialmente de sus detractores, que pusieron en tela de juicio la paz y se aprovecharon del caos temporal para sacar beneficios políticos. Francia, que tuvo una víctima, manifestó: “Su desaparición nos entristece, pero su compromiso, presidente Santos, de luchar decididamente contra el terrorismo, nos honra”. Y el atentado no debía afectar el apoyo de Francia a Colombia. Santos viajó en medio de la entrega de armas de la Farc y la verificación por Naciones Unidas, lo que daba credibilidad a la paz y, especialmente, daba confianza internacional sobre un proceso serio.

Santos fue muy bien recibido en Francia, hay credibilidad en Colombia, pero pareciera que cabe el dicho que “nadie es profeta en su tierra”. Santos tiene baja popularidad y en Colombia siembran dudas del proceso de paz. ¿Quiénes están equivocados? Probablemente algunos colombianos; es claro que la situación no es perfecta, pero en el exterior Santos vende muy bien nuestro país.

 

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